Foto: Jaime Massieu. Hoy reeditamos la entrevista que mantuvimos con el comunicador Juan Claudio Cifuentes ‘Cifu’, se publicó por primera vez en la web www.creativacanaria.com y fue un 27 de enero de 2011. Cifu, como cariñosamente le conocíamos, falleció el 17 de marzo de 2015 en Madrid y es la forma que hemos encontrado para reconocer y recordar su maestría. 2 años sin el genio de las hertzianas. Originalmente, esta entrevista se titulaba: “Lo que me satisface es que por primera vez en 57 años de Premios Ondas se ha hablado de jazz”.

Juan Claudio Cifuentes supuso para Canción a quemarropa un verdadero profesor en varios aspectos. Por un lado como comunicador y por otro con respecto a una particular forma de entender la música y más concretamente el jazz. Como reconoce en el transcurso de esta entrevista, cuando usaba el micrófono se emocionaba en cada una de sus palabras. Hasta Siempre, Cifu. Seguiremos sintonizándote.

– ¿Qué le llegó primero el jazz o los medios?

-J.C.C.: Indiscutiblemente el jazz. Vivíamos entonces en Francia y, como te puedes imaginar en Francia, comparado con España en los años 50, había jazz y en nuestro país, no. Cuando eras chaval hablabas con tus compañeros de la escuela de jazz, básicamente era de eso de lo que se hablaba quizá también de la canción francesa. Ahí vivía gente como Sidney Bechet. En la radio se oía jazz con regularidad. Acabas aficionándote y tiene la ventaja de que es vírico. El jazz es un virus maravilloso, increíble, con él puedes vivir 100 años. Cuando vine a España, con 20 años, adolescente y universitario yo ya estaba totalmente contaminado. Fue primero el jazz entonces. Mi historia en los medios empecé a colaborar con esa revista difunta ya que se llamaba ‘Área Jazz’ que se publicaba en el legendario Whiskey Jazz de Madrid. Colaboré durante los 8 años que duró la entrevista y en el 71 empecé en la radio y con el mismo programa con el que comencé en el mundo ‘Jazz porque sí’.

Este año en marzo cumple cuarenta años. Cuarenta años de poner el jazz con la mejor voluntad, poner lo que te gusta, no todo lo que sale. No me gusta que me llamen crítico porque no lo soy, no pongo todo lo que sale. Me gusta que me llamen comentarista, yo pongo los discos que yo compro. La mayoría de las compañías no se acuerdan de ti y las grandes más. Las pequeñas sí ya que les interesa. La excepción es Universal que hay gente que se acuerdan que existes y a veces llaman. Ellos son simpáticos, los otros ni los buenos días. No te lo mandan porque creen que aunque tu los pongas no van a vender más. Lo lanzan a veces por obligación, importan 200 ejemplares y lo colocan en la tienda de turno.

Después dicen cosas como que el jazz no venden, no, el que no sabe vender es usted. Entonces compras lo que te gusta. Me dicen a veces que no pongo discos de tal o cual artista, será un buen músico pero no lo entiendo o me deja frío por más que toque lo que no está en los escritos. Entonces para hablar mal de un disco no me interesa. Hay muy pocos músicos que no pongo pero hay alguno que no me entra. Lo que pongo es lo que me gusta y después lo haces con entusiasmo y te pones eufórico. Eso contagia. El caso es por ejemplo Ornette Coleman, lo conocí es bueno pero a veces me produce urticaria. Si pongo sus discos en la radio el chaval de 15 años no lo va a comprender y va a apagar la radio inmediatamente. Se irá a buscar un programa de rock y de pop. Me encanta la correspondencia que recibo de juventud que se acerca al jazz. Me ha encantado Clifford Brown, me dicen y este hombre tendrá tiempo de oír a Don Cherry. Siendo músico entiendes por ejemplo lo que hace Bill Dixon y hace cosas con la trompeta que no está en el libre.

– Por hacer un esfuerzo pedagógico ¿Por dónde se puede empezar?

– J.C.C.: Puede haber de todo. Se pueden enganchar por Count Basie, por Art Blakey and the Messengers o por John Coltrane que he conocido a chavales que de entrada se enganchan por él. Cada uno tiene una fibra que le va. Yo conocí a una compañera de facultad que se enganchó por Miles Davis, que es de lo más difícil también, aunque es atractivo. Imagínate el Kind of blue, que era un paso decisivo en el jazz, que fue el paso modal, vendió y vende tanto porque es bonito, es melódico. No es un disco complicado como pudo parecer después el jazz modal como Coltrane. Siempre supo, Miles, tocar de manera atractiva. Depende también, en ocasiones, por el instrumento que te guste. Hay gente que se engancha por la guitarra y por ejemplo Kenny Burrel o Jim Hall. A lo mejor, a estos mismos les pones al gran maestro Dexter Gordon, un gran saxo, y dicen que el saxo no les gusta.

El cariñoso saludo en video que nos regaló:

– Cifuentes ¿Es purista o le gusta la mezcla?

– J.C.C.: Si vamos a decir la palabra fundamentalista voy a decir que soy un fundamentalista light. Siempre doy el mismo ejemplo. La fusión acabó siendo confusión ¿Por qué? No quedó nada de aquello. Los Hancock, los McLaughlin no están haciendo nada de eso. Han vuelto a tocar standards por ejemplo, Hancock temas de Gershwin. La fusión la rechacé de pleno, cuando vino, sobretodo cuando Miles se puso electrónico. El tiempo nos ha dado la razón. Igual sucedió con el SuperFree de músicos como Archie Sheep. Este está tocando cosas de Coleman Hawkins. Hicieron una época pero no escuela, no hay discípulos. Vendieron discos pues hubo gente que lo tuvo como referencia ya que era improvisación total. De todos modos en el año 48 Lee Konitz con Warne Marsh y Lennie Tristano hacían ya eso y nadie se asustaba

¿La vanguardia? ¿Quién queda? Ocho o diez que son los mismos, Braxton, Cecil Taylor. Yo por Taylor tengo mucho respeto, sabe de piano, pero no le aguanto dos temas. Reconozco su habilidad. Braxton es un cerebro de la música, yo aguanté una hora y curenta y cinco minutos de concierto de clarinete solo ¡Hay que echarle narices! Tuve que reponerme durante quince días (risas).

Yo escucho desde King Oliver a los más actuales, ya no te digo el clan Marsalis que son muy cerrados pero sí a los chicos jóvenes de locales como el neoyorkino Smalls. La nueva generación del NYC Underground intenta ir más allá del hard bop y me parece muy bien. Por profesión tengo que oír de todo pero sin embargo hay una cosa de la que no podemos salir que es lo que has oído hasta los 25 años. Eso te marca. Formas tu gusto músical porque tu cerebro está virgen. No voy a evitar que lo que oí fuera Messenger, Horace Silver, Cannonball Adderley, Clifford Brown, Monk, Mingus, Miles, Coltrane. Con ello cubro un espectro de jazz, francamente, enorme. No me quites Fletcher Henderson, Ellington, el dixieland. Estoy contento con mis último discos de Pat Martino. El abanico es muy abierto. También hay que buscar a gente de mucha gente olvidada como Clifford Jordan, Hank Mobley y no olvidemos naturalmente a Stan Getz. Con eso me basta, con el mundo del jazz tal y como es se trata del nunca acabar.

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– Ha recibido el Premio Ondas ¿Fue al jazz o a su persona? ¿Por su trayectoria? ¿Alguien tiene ápice de conciencia con respeto a la parte de la radio que representa?

– Juan Claudio Cifuentes: Creo que ha sido un poco de todo. Un compañero me dijo el otro día que en esta edición el único premio profesional había sido el mío. Todos sabemos que estos premios se dan por motivos políticos, es decir por la política de una cadena hacía otra, de buenas relaciones o por sentido económico. Este no es ni uno ni otro. La Cadena Ser con el Ente público tiene una relación cordial pero nada más. Económico, no tiene nada que ver. A RNE no le va a suponer económicamente y a mí tampoco pues el premio este es una palmada en la espalda y ya está. Ha sido un reconocimiento. Les tocaron campanas hasta hartar muchos oyentes.

El Premio Ondas me lo han dado unos oyentes que es lo mejor que te puede pasar en tu vida. Antes del verano pasado salió en una red social, facebook, una oyente que no conozco que se llama María Ballaz empezó a montar la página ‘Cifu para el ondas’. Estuvieron removiendo y preguntando en la radio que es quien lo presentan. No hicieron caso, no les contestaron si acaso. Al final de verano lo hicieron ellos mismos a la Cadena Ser. Mi hija me lo dijo y me dio la sonrisa ya que creía que no iba a caer. En Barcelona el jurado debió decir ‘hombre, 40 años no vamos a tirarlos a la basura’. Casualmente, en el jurado había un par de miembros que conocían el programa. Al final, sonó la flauta y me dieron el Ondas pero, vuelvo a repetir, gracias a los oyentes o gracias a ese grupo de oyentes que montó un ‘pollo’ en facebook. Lo que me satisface es que por primera vez en 57 años de premios Ondas se ha hablado de jazz.

– Queremos dejar constancia nuestra alegría por eso mismo. Hemos tenido acceso a la lujosa medioteca de TVE a través de internet, cuando se pasaba por la tele gente como el que suscribe no tuvimos la posibilidad de disfrutar de los mismos ¿Se ve Cifu volviendo a la tele?

– J.C.C.: No me veo volviendo a la tele. La cultura no interesa a las televisiones porque no es rentable pero podría hacerlo la televisión nacional. Las cosas han cambiado. Estuvimos siete años en antena porque éramos la única cadena casi. Se cayó porque entraron las privadas y para colmo estábamos a las puertas de las Olimpiadas y de la Expo. Había que limpiar toda la programación de la 2 para orientarla a esos dos grandes acontecimientos, total, se cargaron toda la música en la tele. No solamente el jazz sino también el flamenco, el folk, toda la buena música que había puesto en marcha esa maravilla de persona, Clara Isabel Francia. Todas las noches había algo, cantautores, flamenco, pues se lo cargaron. Fueron unos señores que sabían que venían las privadas y ya habían montado sus propias productoras desde dentro del mismo Ente público pero poniéndolo en nombre de sus señoras y cuando vinieron las privadas vendieron producción a TVE forrándose.

No quiero decir quiénes son pero creo que ya hay gente que sabe de lo que hablo. El único peligro de que me ofrezcan un programa es que me quede en la puñetera calle en dos meses. Me lo proponen y el ‘Share’ no te llega. Un programa de televisión es full time, semanalmente. Todos los guiones, todos los trabajos de montaje, post montaje es un trabajo importante. Tendría que dejar la radio y ello significa que si se acaba me quedo con una mano delante y otra detrás. En la radio las cosas son más tranquilas. Siempre tiene que haber algo en la radio pública relativo al jazz. No creo que haya un hijo de algún ministro que quiera el jazz en la radio (risas) entonces seguiré ahí. Un programa en televisión es como un billete en el Titanic no es que te hundas, es que no llegas a puerto. Salvo que me blinden para 10 años. Eso no lo hace nadie.

– Creemos que lo que no va a pasar nunca es que se jubile…

– J.C.C.: En eso tienes razón. Como siempre he dicho mientras no me escayolen la lengua y haya un micrófono ahí voy a seguir. Un colega mío, Humphrey Limpeton, que era también trompetista, hizo su programa hasta los 82 años. En la BBC no podían quitarlo. Cogía sus disquitos e iba a la radio. Yo estoy haciendo lo mismo.

– Le sostiene, sin duda, los oyentes porque se puede armar si alguien le toca sus horas…

– J.C.C.: Bueno no sé que decirte. Cuando quitaron ‘Jazz entre amigos’ hubo protestas y se las pasaron por el arco del triunfo, como se suele decir. Ya sabes que esos sitios como Ministerios se toman las decisiones sin lógica y sentido. En principio en la radio y en Radio Clásica parece que las cosas tienen sentido de la eternidad. No entienden el jazz pero están contentos de que tu te lo guises y te lo comas. Antes era colaborador ahora, eufemísticamente, me encanta, nos llaman ‘Personal Ajeno’. Bueno pues lo soy, mientras esté ahí en principio si no creas problemas, cumples, hay audiencia fija.

Quizá es más de lo que me imagino. Hay gente ahí. Ellos lo saben y cuentan de manera fiel. Recuerdo que en Cadena 100 estaba antes que yo El Pirata con su programa de heavy Metal había 150.000 oyentes fijos. Eran los enamorados del heavy, sabes cuántos son y ya pueden caer chuzos de punta. Te siguen y te van a oír porque es lo que oyen siempre. Te pongo en la cocina y te oigo porque pelo patatas todos los domingos en tu horario, me dicen (risas).

– Cuéntenos un poquito más de la intra historia del programa ¿Cómo es un programa normal de Juan Claudio Cifuentes?

– J.C.C.: Tengo que tener la programación adelantada porque sobre todo en Radio Clásica, tengo que dejarlo grabado. En Radio 3 sí puedo hacerlo en directo. A las 12 de la noche no hay técnico y hay ordenador que va automáticamente lanzando los programas. Me he acostumbrado a ello y sé lo que voy a poner durante febrero. Los lunes son dos horas y la ocupo con un programa de intercambio que nos manda la UE. A veces no conoces a nadie y tocan todos que te mueres. El miércoles, martes noche a las 0:00 horas, hago monográfico de jazz moderno con mi lista de Dizzy, Mclean, Lee Morgan, Art Farmer… y voy trazando la carrera de ellos. He acabado con Charlie Parker con tomas alternativas incluídas. Ahora paso a Monk, tengo lo suficiente para estar un montón de tiempo. El último día de mes toco siempre a Duke Ellington, con eso tienes tela. Eso va rotando y depende también de efemérides. Lo mismo hago con los clásicos en la noche de jueves a viernes, Benny Carter, Coleman Hawkins. Cada programa miro el final del otro y voy al año que proceda. Intento no perderme. También tengo el programa misceláneo a lo que ha llegado nuevo, seis o siete discos que tengo ahí paradas. Tengo que ver las minutaciones y saber lo que me tiene que caber. A veces se hace sobre la marcha viendo lo que te queda. Sagrado: no se habla sobre música, salvo monográfico para leer una biografía o algo así.

– En ese sentido ‘Canción a quemarropa’ reproduce ese esquema salvo en el caso de las entrevistas ¿Se le ha pasado por la cabeza cuantas veces tiene ‘So what’ o ‘All the things you are’, standards que tenemos todos?

– J.C.C.: O ‘Body and Soul’ que tiene que haber como 300.000 versiones. Me lo he planteado y quiero hacer recopilación en el ordenador de lo que tengo en la discoteca, que debería ser por fecha de grabación, puede ser cuestión de muchísimos años. Sigo siendo del jurásico con respecto a los ordenadores. Suelo hacer juegos en la radio de poner dos o tres versiones del mismo tiempo y, hasta ahora, tengo aquí metido -señalándose la cabeza- el disco duro en los huesos del cráneo. Es cuestión de memoria.

– Charlie Parker o John Coltrane murieron muy jóvenes y con una vida relacionada siempre con la droga y la mala vida ¿Fue casualidad o causalidad?

– J.C.C.: Es un colectivo que sobretodo en los años cuarenta y cincuenta fueron inducidos a ello. En ocasiones se ha de pesar mal para acertar. Inducido por el establishment. Creo que pensaban ‘tu dejas que la droga corra por Harlem y así te vas cargando negros sin que te llamen racista’. Creo que lo hicieron con Billie Holiday por ejemplo, yo he hablado con Frank Morgan y me decía cosas como ‘éramos gilipollas ya que si Parker se drogaba pensábamos que si nosotros nos drogábamos íbamos a tocar igual que él’. Lo reconoció y se pasó media vida en la cárcel. Muchos chavales se creían eso en relación a Parker. La prueba reside en que Clifford Brown era un genio y no tomó más que zumo de naranja toda su vida y ni fumaba. Max Roach también dijo que eso era una bobería. Coltrane se metió en eso no se sabe muy bien por qué. Era un músico de alta capacidad a veces su altura de miras los hacen muy exigentes. Gente cuya inquietud intelectual les produce cierta frustración. Ahí buscan refugio y te ‘olvidas’ de los problemas. Coltrane se desenganchó bastante pronto en el 57, dejó a Miles, se fue con Thelonious Monk y se quitó completamente. Volvió con Miles para el Kind of blue y después siguió su carrera que ¡Menudo carrerón! El cuerpo ya lo tenía tocado. Murió de Hepatitis, una infección que le tenía vetado el alcohol. Cogió un par de cervezas y se fue… ¿Mala vida? Art Pepper. Cada vez que salía de San Quintín se colocaba de nuevo en la cresta de la ola. Estaba de gira siempre en la banda de Stan Kenton y has tocado tres días seguidos, seiscientos kilómetros y no has comido ni un bocata. Después llegas a Chicago y estás en un hotel… uno puede pensar que el vecino de cuarto te incita a probar.

Tienes 20 años y eres gilipollas, básicamente. Armstrong, Satchmo, murió por un accidente cardiovascular, como Ellington. Le puede pasar a cualquiera, nada que ver con la droga ¿Vida mala? En el 52, Miles se deshizo de la droga. Quizá en los últimos años volvió pero vivió sus años. Sigo pensando que algo en el stablishment había. El ejemplo de Chet Baker también fue cuestión de droga, era el James Dean del jazz. Jerry Mulligan, compañero de Baker, jugó dos años y después lo dejó y fue siempre un gran veterano.

– De cosas más agradables ¿Qué le llega que tengamos que seguir sí o sí?

– J.C.C.: Me lo pones difícil. Yo escucho con mucho placer a gente que mantiene tradición del Hard Bop. Ese Hard Bop músculoso, sólido, tienes que haber estudiado mucho porque no se llega a esos niveles así por así. Gente como Grant Stewart (saxo tenor) o Peter Bernstein (guitarrista), también Kenny Barron (piano) que ya es un señor de sesenta y muchos y sigue siendo un gran tenedor del arte del piano moderno. O Celdar Walton. De los jóvenes creo más en gente como Kevin Hays, nombres que no suenan tanto, que en gente como Brad Mehldau. El caso de Mehldau, como a Keith Jarret también, quieren irse al mundo de la clásico dónde ellos creen que tienen que pertenecer aunque sigan siendo unos grandísimos improvisadores. Mehldau no es el que me parece el destacable.

Está saliendo mucha gente en New York como una docena de nombres. Están buscando a ver si sale algo pero que no sea un experimento inútil. Hay gente de veinte y largos o treinta y pocos y técnicamente el disco está perfecto. La musicalidad, la armonía perfecta pero son un encefalograma plano. Todos los temas entre sí se parecen. Todo va al mismo ritmo. No son capaz de tocar un tema rápido. Todo es entre lento y medio. Más de un disco me ha llevado así, contrabajista, saxos, pianistas. Qué bonito pero qué aburrido. Algo tiene que pasar. He citado a Grant Stewart que cuando sale al escenario pasan cosas. Le achacan que es discípulo de Sonny Rollins ¡Pues qué contento estoy de que haya un discípulo de Rollins! Y lo hace muy bien. O Eric Alexander que es también muy destacable que su gran maestro es George Coleman. O Joe Maganarelli puede ser un discípulo de Kenny Dorham. En Francia la crítica quiere buscar algo más siempre.

Si no es convincente, si no hay swing, tío, perdóname pero olvídame. No se puede explicar. Es como el compás en el flamenco. Suena el ritmo y alguien se levanta a bailar porque no se puede aguantar. El swing es la gente con la cabeza siguiendo y los pies.

– Hay lectores de la web que preguntan por nombres concretos ¿Conoce a Melissa Aldana?

– J.C.C.: Sí, no la he podido oír todavía en directo todavía pero tengo referencias excelentes. Cuando digo esto es que estoy esperando la próxima oportunidad que venga por el Estado para ir a verla. El día que actuó en Madrid estaba en un concierto de Kurt Rosenvinkel, nombre que podemos añadir a la lista que son cosas que no son hard bop tradicional sino que están por pasar a la historia, como Pat Martino, como siendo un hombre fundamental en la guitarra. Me gustaría ver a Aldana desde que venga por aquí, los que me han hablado muy bien de su directo merecen mi total credibilidad.

– También citan a George Garzone y su banda The Fringe ¿Qué opina?

-J.C.C.: La opinión que tengo de Garzone y de The Fringe es fenomenal. Estamos hablando de tres monstruos. Llevan treinta años haciendo una música que solamente pueden hacer ellos. No es que toquen juntos, respiran juntos. Garzone es una bestia parda, coge el saxo tenor y se puede acabar todo el tenor del mundo. The Frinch es una barbaridad. Los he visto varias veces y estamos hablando de música no tradicional, hard rock. Se pone a imporvisar y ancha es Castilla. Pegan giros a la derecha y a izquierda y saben a dónde vamos. Uno de los mejores grupos de los últimos treinta años.

– Quiere saludar a nuestros lectores de creativacanaria.com

– A todos primero enhorabuena por estar metido en esta historia del jazz, como nuestro amigo Héctor, con todo mi corazón una enhorabuena por ser amigos del jazz. Un saludo muy cordial con un fuerte abrazo del Cifu.

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