Foto: Promocional. ‘Dos Medinas Blancas’ es el nombre del último disco que han concebido las artistas Carmen París y Nabyla Maan. Verá la luz de manera oficial el próximo día 9 de junio. Como adelanto, se podrá disfrutar del single ‘El poema del Céfiro’, el próximo lunes 29 de mayo.

La zaragozana Carmen París y la marroquí (de Fez) Nabyla Maan se conocieron entre los festivales “Pirineos Sur” de Huesca y “L’Boulevard” de Casablanca. No había título mejor que “Dos Medinas Blancas” para este diálogo entre dos voces actuales significativas de culturas hermanas, ibérica del Ebro (río Íber romano) y magrebí.

En él cantan, una en el repertorio de la otra, aún sin hablar el idioma, ofreciendo así una nueva sonoridad, arropadas por 3 músicos españoles y 2 marroquíes que saben navegar entre las dos orillas con conocimiento y maestría. La grabación está considerada orgánica, tal como fueron su convivencia de ensayos y conciertos.

Diálogo fluido a través de la magia de la música enraizada para disolver barreras y prejuicios. Culturas entrelazadas sin perder su identidad cantando otro mundo posible. Canciones posibles con otra lógica no solo posible hoy como ayer, sino muy urgente.

Recordamos algunos datos de la biografía de la artista maña:

Carmen París (18 de septiembre de 1966) es una cantante y compositora española. En su música fusiona principalmente la jota aragonesa, el jazz, la música andalusí, el flamenco y otras corrientes musicales.

Nacida en Tarragona, pero criada en Utebo (Zaragoza), su estilo musical es muy personal; su constante mezcla de ritmos y su fusión y mestizaje en sus canciones, la convierten en una artista difícil de catalogar.

Ya desde pequeña su talento musical fue evidente, a mediados de los 90 pone en marcha un espectáculo de cabaret moderno Carmen Lanuit, escrita por Alfonso Plou, y es contratada en la mítica sala Moroco de Madrid. Carmen estudió canto, piano, guitarra, violonchelo, armonía y solfeo en el conservatorio de Zaragoza, estudios que compaginó con la carrera de Filología Inglesa y su trabajo de cantante en la orquesta Jamaica, grupo con el que se curtió con actuaciones en las que no renunciaba al blues, aunque en su cabeza y en su corazón estaba ya creciendo su gran proyecto musical: la revolución de la jota.

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