Foto: Promocional. Después de tres jornadas intensas de música en el Parque Urbano del Sur, el Maspalomas Music Festival (MMF) bajó el telón este domingo con un concierto para la familia de Nacho Mastretta, que reunió a muchísimos niños y niñas alrededor de un cuarteto que hizo las delicias también de padres y madres. Antes, el joven Aniba, moderno trobador que usa la palabra como herramienta, había prendido la mecha de una mágica tarde, que se celebró en la zona de restauración, en un informal escenario que en esta última jornada tomó el relevo del anfiteatro principal, lugar en el que se desarrollaron el resto de los conciertos.

Con la promesa de continuidad en forma de segunda edición expresada por el concejal de Festejos y Eventos del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, José Carlos Álamo, el Maspalomas Music Festival cierra tras cumplir su principal objetivo, que no era otro que dinamizar un espacio que se ha convertido en punto de encuentro para muchos tirajaneros y grancanarios, un auténtico pulmón para Maspalomas. “Estamos muy contentos con esta primera edición, era una apuesta por artistas emergentes y respondieron a las expectativas con su talento durante los tres días. Se generó un ambiente maravilloso, gracias en parte también al entorno”. Álamo aseguró que “habrá una segunda edición, ya se lo he comunicado a los promotores, ese es nuestro objetivo”.

Por su parte, Ángel Clavijo, director del MMF, se mostró satisfecho “porque hemos logrado generar un público familiar en torno a la música adaptando el programa de actividades al espacio que lo acoge, un sitio muy especial“. Clavijo quiso agradecer “el gran trabajo desarrollado por los trabajadores municipales, empresa de sonido, los patrocinadores privados y artistas, que han hecho posible esta primera edición”. Y sobre todo “al público, que nos ha apoyado en un proyecto diferente y que se traza como principal objetivo fidelizar a un público que apenas cuenta con este tipo de oferta cultural”.

Más de 3.000 personas pasaron por la zona acotada en la que se instalaron las áreas de restauración y descanso, con food tracks y ventorrillos, y también por el auditorio.

La primera jornada vivió el triunfo de las músicas mestizas, de la exploración sonora de proyectos muy diferentes, pero sin embargo con numerosos puntos de encuentro. Son muchas las cosas que unen a los holandeses Skip&Die y a la argentina Mariana Yegros, desde el productor a las colaboraciones que figuran en sus discos, también ritmos y maneras de entender la vida. La Yegros se encontró un clima favorable, con muchísimo público esperando que llegara su primera actuación en Gran Canaria, fieles que conocen sus letras y que bailaron sin parar chamamé dub, copla funky y cumbia rap, un compendio de música tropical, folklore, reggae, dancehall, soul y música árabe.

Skip&Die se encontró todo de cara y puso el resto (vaya si lo puso). Cata.Pirata, su líder, su frontwoman, es un torbellino, un huracán escénico. Una mezcla entre la actitud más punk de referentes como Wendy O. Williams y sus Plasmatics, Watkin Tudor Jones Ninja, vocalista de Die Antwoord (sudafricana como ella) o la danesa Mö. Su puesta en escena es visceral, intensa y muy teatral. Logró tal simbiosis con la platea que acabó fundiéndose en el escanario con una treintena de incondicionales. Magníficamente secundada por el músico y productor holandés Jori Collignon en los teclados, Gino Bombrini en la percusión y la guitarra (sensacional) y Daniel Rose en la guitarra y otros instrumentos de cuerda, se fueron de la isla acumulando un buen puñado de fans.

La jornada había comenzado con las actuaciones de dos proyectos del rap local, los majoreros Chocolate Sexy y su divertido directo; y Raw 103, un colectivo formado por componentes de grupos como Divergentes o el rapero Burning Yama, con letras ácidas y bases más rockeras los primeros, y con querencia hacia los sonidos jamaiquinos el segundo, que además es poseedor de una extraordinaria voz.

La segunda jornada, orientada hacia sonidos más clásicos, vivió la eclosión de un gran artista, un músico con talento y carisma. Juan Zelada se presentó también por primera vez en Gran Canaria con dos músicos locales en la base rítmica, el batería Carlos Sosa (Fuel Fandango) y el bajista Yeray Jiménez, completando la banda el guitarra Sergio Santabárbara. Un repertorio plagado de soul, funk, blues, algún coqueteo con el reggae, rock, rythmn’ blues, todo con muchísima actitud y dominio del espacio escénico. Algo propio de quien ha forjado su carrera en Inglaterra abriendo la gira Back to Black de Amy Winehouse.

Gaspard Royant salió con idénticas intenciones que Zelada, no perder ni un minuto, meterse en el bolsillo al público desde los primeros acordes. Le costó pero lo logró, al final todos acabaron bailando al ritmo que marcaba el rock añejo de este músico francés sacado de contexto. Look de crooner, a medio camino entre Chris Isaak y James Dean, elegante en todos sus movimientos y vestimenta, Royant despachó secundado por una gran banda su repertorio plagado de pegadizas e infecciosas canciones de pop- rock. Terminó cantando entre el público, recorriendo buena parte del graderío.

Los grancanarios Zeason y Mondo Diávolo habían iniciado la tarde con mimbres similares, un rock más rudo y metálico en el caso de los primeros, más cabaretero y cercano el de los segundos, que siguen creciendo gracias a temas como Un lugar para volver, un himno propio de grandes bandas.

Y así volvemos al principio, a la jornada final, la que vivió conciertos más cercanos, más íntimos, en un territorio neutral, preciso para interactuar. Primero con Aniba Versoterista, cada vez más seguro de sí mismo. Cuando menos encorsetado está, más suelto se le ve. Y después con Mastretta (dirección y clarinete) y su cuarteto: Luca Frasca (teclado), Marina Sorin (violonchelo y phonoviolín) y Coke Santos (percusión). Una lección musical, pedagogía pura, cómo aprender conceptos básicos fundamentales durante un concierto divertido. Todo en un ambiente francamente mágico, especial.

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