Foto: Javier Pino. Texto: Ananias Cohen. Teatro Leal. Viernes, 22 de septiembre. Cuando asistimos a un concierto de Nik West, no sólo disfrutamos de una gran variedad de estilos musicales afroamericanos, sino también de un espectáculo visual difícilmente comparable por su originalidad de principio a fin. A pesar de que la artista da su nombre al cartel del concierto, sin embargo muestra una gran generosidad participativa con el resto de su banda de gran virtuosismo.

Su guitarrista eléctrico vestido con traje de lentejuelas deslumbrante como el de ella, ofreció su carga rítmica y melódica explosiva, por momentos “hendrixiana”. Mientras que el coro compuesto por dos voces femeninas no era en absoluto secundario en la banda, destacando en variedad vocal con una primera voz sorprendente de soprano lleno de energía, que en algún momento hasta superaba en presencia a la misma Nik West también con una voz más grave pero igual de potente. Fue tal la calidad de la banda que por dos veces ‘’la estrella’’ abandonó el escenario dejándolos solos, sin que el espectáculo medrara un ápice en intensidad. Cualquier banda de funk-soul-rock que se precie, que es el caso, debe tener una poderosa carga rítmica que le acompañe.

Y como no podía ser de otra forma, la banda de Nik West posee un muy joven batería, como el resto de la banda, que apareció descamisado y con cresta punk tocando el instrumento sin parar con una energía tan desbordante que parecía que iba a destrozarla. Pero ello no deslucía en absoluto la calidad del mismo, sino al contrario, aportaba una extraordinaria vitalidad a la banda aumentando la deslumbrante presencia no solo musical sino visual de todo el espectáculo. Mas con todo, la protagonista no dejaba de ser la estrella fulgurante que parecía dirigir el show envuelta en un traje apretado azul metálico brillante con una pequeña falda transparente que le hacía parecer una medusa musical con cresta violeta. Se movía frenéticamente de un lado a otro retorciendo su cuerpo delgado casi como una contorsionista siguiendo el ritmo potente y frenético que circundaba todo el teatro. El teclados, cómo no, con sonidos setenteros funk y soul como el Hammond, fue el único que no destacó demasiado, pero no obstante fueron correctas cada una de sus ejecuciones nunca fuera de lugar.

El repertorio, de lo más variado, recordaba que se estaba ante alguien con no solo una buena discoteca muy escuchada, sino también muy estudiada. Parte del concierto se compuso de versiones particulares, pero también sus temas propios de una energía exuberante que tenían claros ecos de los grandes del soul rock funky de los setenta y otros de décadas posteriores como Prince con quien llegó a tocar, o Michael Jackson. Estaban presentes James Brown, Charles Bradley recientemente fallecido, Hendrix, y cómo no los grandes del funk como Sly and Family Stones, o George Clinton y Funkadelia de la que hizo versiones. Y por supuesto a la gran Betty Davis de la que tiene un cierto parecido físico, musical y energético (no confundir con la gran actriz Bette Davis). Otra versión sorprendente fue su Come Together de los Beatles casi Heavy.

Tristemente no tuvo la cantidad de público que se merecía con un precio muy por debajo de lo que suele cobrar en otras partes. La parte baja del teatro se llenó por completo pero los palcos quedaron algo vacíos. Y en la fila del ‘’gallinero’’ el que les escribe estaba solo pero como ven muy centrado y con las manos enrojecidas de tanto aplaudir.

No obstante, no fueron especialmente virtuosos sus pocos solos de bajo, quizá por carecer de necesidad de protagonismo a pesar de la extravagancia de su estética, pero no carecía por ello de extraordinaria sensibilidad como cuando cantaba a veces imitando muy bien los falsetes de Prince. Pero en tiempos de narcisismos empalagosos eso es una virtud, no un defecto. Esperemos regrese y los que no tuvieron la suerte de verla ella y a su banda tengan ese privilegio.

Banner_Cancionaquemarropa