Foto: Bajo la producción de Quincy Jones, su mentor, el increíble pianista cubano Alfredo Rodríguez,  el próximo 17 de noviembre, a partir de las 21.00 horas en la sala madrileña de jazz, Bogui Jazz.

Alfredo, tras pasar por festivales como los de Marciac, Montreux, Viena o North Sea de Rotterdam, y actuar en el Royal Albert Hall de Londres, regresa a Bogui Jazz para volver a entusiasmarnos con su personalísima y vibrante manera de entender el piano.

Alfredo Rodríguez PIANO Y VOCES
Munir Hossn GUITARRA Y BAJO
Michael Olivera BATERÍA


Sus álbumes no son colecciones de piezas musicales, sino cuentos contados en una voz distintiva, con un punto de vista y propósito distintos. Su debut en 2011, “Sounds of Space”, sirvió como introducción, como una forma de decir “aquí están las personas, los lugares y los sonidos que me han rodeado y me han hecho quien soy”, explicó entonces. En “The Invasion Parade”, su disco de 2014, Rodríguez revisó varias tradiciones musicales cubanas, vistas a través del prisma del tiempo, la distancia y sus nuevas experiencias personales y musicales.

Ahora, en “Tocororo” -su nuevo álbum en Mack Avenue Records- la historia de Rodríguez está representada por el pájaro nacional de Cuba. El Tocororo es un pájaro que, si se enjaula, muere de tristeza, reflejando no sólo el deseo de libertad, sino la necesidad de ella. Más allá de eso, sin embargo, es la historia de todo lo que representa el pájaro: la libertad, los viajes y la polinización cruzada. En el caso de Rodríguez, representa la polinización cruzada de su cultura cubana con todas las culturas que ha experimentado a lo largo de su recorrido musical. “Lo que quería hacer en esta grabación era abrirme al mundo, a la vez que honraba mis raíces al mismo tiempo”, dice. Rodríguez hizo eso y montó una banda internacional, representando las culturas únicas de Ibrahim Maalouf, de Líbano, el dúo cubano-francés Ibeyi, el vocalista y bajista camerunés Richard Bona, el cantante de estilo flamenco Antonio Lizana, la vocalista india Ganavya Doraiswamy y los compañeros cubanos Reinier Elizarde al bajo, Michael Olivera a la batería y Ariel Bringuez a los saxofones.

Fue en 2009 cuando Rodríguez se mudó a Los Ángeles desde Cuba, llevando sólo una maleta llena de música, un suéter y un par de pantalones vaqueros, después de actuar en privado para Quincy Jones en la casa del fundador y director del Festival de Jazz de Montreux, Claude Nobs. Después de oír al joven pianista, Jones, que ahora produce y lleva el managenment del pianista, le ayudó a comprender que, como el pájaro nacional de Cuba, el Tocororo, no podía ser enjaulado.

“No es que hubiera renunciado a la música si siguiera en Cuba. Seguro que habría seguido haciendo lo que me encanta, pero no era el ambiente adecuado para que mi música floreciera. Al igual que el Tocororo necesita espacio para volar, mi música necesitaba la plataforma y la oportunidad de ser escuchada por más gente de la que de otra manera habría llegado si me quedara. Debido a sus muchas restricciones, Cuba era mi jaula y no me permitía abrir mi alas y hacer lo que amo a una escala más grande”. – Alfredo Rodríguez.

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