Foto: Promocional. Quizá Barbara Hendricks sea la inventora de un nuevo género: el blues operístico. La dificultad que entraña unir esos dos estilos en principio tan divergentes, ella parece solventarlos con gran facilidad gracias a su voz de soprano llena de matices y especialista en Mozart, y con sólo dos músicos de acompañamiento. Y además ofrece todo un espectáculo donde aprovecha para leer, en español esta vez, textos de Martin Luther King, un poema sobre los refugiados, y frases en defensa de los DD.HH.

Todo ello acompañado musicalmente y magistralmente, puesto que tanto el teclados con un órgano Hammond y un piano de cola, y el guitarra, con eléctrica y acústica de madera envejecida y tocada también horizontalmente, son no sólo un complemento perfecto sino de gran virtuosismo y capacidad de improvisación. En especial el teclados que se hizo unos solos espléndidos.

El espectáculo sin grandes ni necesarios despliegues artificiosos, comienza con sonidos de guitarra blusera de gemidos melancólicos. Que a continuación se va acompañando poco a poco de órgano Hammond y piano de cola, puesto que el teclados en algún momento es capaz de tocar los dos instrumentos a la vez. Y ya en el climax, la esperada “diva” entra con un albornoz oriental rojinegro y mucho swing, cantando que aquello de que la gente está preparada para la libertad. A continuación, saluda, agradece al público, y aclara en un español perfectamente entendible, que antes de cada canción leerá textos de Martin Luther King tan hermosos como aquel de, “la mayor crueldad no la ejercen los malos, sino los buenos que callan ante lo que hacen los malos”, y distintos textos sobre la justicia que en absoluto deslucían la calidad de sus interpretaciones y puesta en escena, sino que estaban perfectamente coordinados.

Momentos realmente conmovedores, como cuando casi escondida en la oscuridad detrás del piano de cola, dice en perfecto español: “Una injusticia en cualquier parte, es una injusticia en el mundo entero”, y sale de la oscuridad hacia la luz cantando una canción muy triste haciendo sonar una pequeña bola-maraca, que era nada menos que ”Mississippi Down”. O cuando cantó una espectacular versión, muy en su onda operística, de Amazing Grace, introducida con otra frase de King sobre la justicia. Muchos soberbios y emocionantes momentos como cuando leyó un precioso poema en español de una somalí que hablaba de los refugiados mientras lo mezclaba con el conocido “Summertime” de la ópera Porgy and Bess de Gershwim.

O cuando recuerda a la gran Billy Hollyday y su famosa canción Strange Fruit que fue prohibida y habla de un linchamiento. Cantándola con extrema delicadeza y con un acompañamiento magnífico. O el tema más conocido aquí por Chanquete, “No nos moverán”, pero en su versión original inglesa blusera. Y hasta el “bis” fue conmovedor, pues leyó el primer artículo de los DD.HH y cantó, cómo no podía ser de otra forma, “ We Shall overcome” de Pete Seeger.
La emoción del público no era del todo homogénea.

Mientras que el que les escribe y otros, sobre todo guiris, no paraban de gritar “bravo” y aplaudir, a mi lado había una parejita muy pija que por lo que hablaban no creo se enteraran bien ni de quién tocó. Les debe sobrar la pasta. Eso sí, cuando acabó, la parejita se hizo un selfie.

La señora Barbara Hendricks, toda una diva de la canción, que es capaz de cantar a Mozart y a Pete Seeger sin problema. No es nada “diva”. Es cercana, afectiva, virtuosa, y sobre todo muy humanitaria. Algo en estos tiempos poco común, sobre todo en una señora que entre otros premios internacionales tiene el de la Legión Francesa, el Príncipe de Asturias y ha tocado hasta en la ciudad prohibida de Pequín. Y pocos de ese nivel han pasado por el Teatro Guimerá. Espero sigan en la línea.

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