Qué extraordinario paso ha dado el cineasta Steven Spielberg. El maestro del cine fantástico de los años 80 y que en los noventa firmase títulos de la valía de El Color Púrpura o La Lista de Schindler, tiene nueva película en cartelera, Ready Player One. ¿Quién mejor para este viaje aventurero friki y novedoso que el director de ET? Es como si Spielberg hubiese querido tener su propia versión de The Goonies pero con un trasfondo puesto al día.

La película está protagonizada por Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, T. J. Miller, Simon Pegg, y Mark Rylance.

La reflexión del director nacido en el año 1946 es de calado. Nos sitúa en un futuro, no muy lejano, muy distante de la realidad. Todo el orbe parece haber sido invadido por la tecnología de los videojuegos. Spielberg hace que todos sus plausibles personajes dancen al son de un despliegue impresionante de efectos especiales.

Dos horas de momentos estelares de efectos especiales y tributos a los números más importantes de películas y música retro de finales de los años 70, 80 y 90.

Por si ello no fuera ya de por sí increíble, nos proporciona uno de los más refinos tributos que se han realizado a la cinta de Stanley Kubrick The Shinning, que fue llamada en España, El Resplandor. De esta manera, en una escena los protagonistas se embullen en el film del desparecido director de La Naranja Mecánica o 2001, Una Odisea en el Espacio. Se ha dicho, se comentó, se rumoreó, que tanto Spielberg y Kubrick pugnaron de manera muy fuerte por dirigir aquella gran idea de AI, Inteligencia Artificial. Parece que todo conllevó que fuese Steven Spielberg quien dirigió la cinta, siendo malo el resultado final, según toda la crítica.

Es como si Spielberg hubiera querido quitarse la espinita clavada y darle al Maestro Kubrick su merecido reconocimiento. Felicidades, porque raramente Kubrick tendrá un tributo más grande -merecido- y además en la pantalla de un cine.

Por otra parte, no es oro todo lo que reluce. La película carece de lo que debería tener: mejor guion. Por desgracia, tanto despliegue en la pantalla no aporta una historia increíble. El final está más que cantado y los malos -como un buen film de los 80- tendrán su merecido. Para colmo los personajes son maniqueos y previsibles.

En esta clase de películas es mejor dejarse imbuir, sumergirse en la capacidad visual de Spielberg y recostarse en la butaca del cine sin más miramientos. Además, película recomendada para ver en una sala, con la oscuridad debida. Buena vuelta a primera fila de S. Spielberg, que ha demostrado saber levantarse de la silla de director y dirigir visualmente con las manos llenas.

Foto: Promocional.