Kroke es Cracovia en yidish o Idish, una lengua aún existente de los judíos del este que mezcla hebreo con palabras eslavas y alemanas, pero también es el nombre de una banda polaca que allá por finales de los noventa comenzó tocando Klezmer y ahora añade otros estilos igual de intensos, emocionales con un gran campo de improvisación.

Estilos que pueden ir desde el rico folclore del este, reminiscencias arabescas, balcánicas, y un poco hasta de Jazz sobre todo por su capacidad de improvisación y virtuosismo.

Ya han estado en Canarias unas tantas veces, siendo Tenerife donde más han tocado. Los conocí en el Womad de Gran Canaria cuando aún comenzaban y ya prometían. Esta última vez en el Espacio Cultural de Cajacanarias, con un precio muy económico, y dentro de un festival anual que siempre se destaca por la gran calidad de todos los participantes.

Concierto que aunque no estuviera a rebosar con la gran calidad de los músicos y el económico precio de la entrada, si desbordó una muy buena onda recíproca entre los espectadores y los intérpretes que más bien eran maestros de su instrumento.

Sin mediar palabra, Kroke, que esta vez no se presentó en su último formato de cuarteto con percusión, se situaron sentados con contrabajo (Tomasz Lato), y con acordeón (Jerzy Bawol) entre el violinista (Tomasz Kurkuba) que a veces canta más bien sonidos en falsete que parecieran lamentos, y toca la flauta celta también llamada ‘’Irish Whistle’’.

Casi todo el rato de pie en el centro destaca su presencia y soltura contrastada por el casi hieratismo del resto del trío, aunque el acordeonista se soltó un poco en un momento y se puso de pie. Siempre todos con sombreros y camisa blanca. El sonido cautivador del ‘Irish Whistle’ que abre el recital ya atrae la atención de los presentes generándose silencio respetuoso y a la vez curiosidad por el rumbo del concierto.

Y cuando el flautista, Tomasz Kurkuba agarra el violín acompañado por los compases del contrabajo y el acordeón como su complemento perfecto, aquello cobra dimensiones no sólo virtuosas sino de una diversidad y variedad increíble de notas, improvisaciones, compases y tempos en un mismo tema. Kurkuba, que añadía efectos al violín de madera con pedales a través del micro, hacía sonar ese instrumento de manera tan divina y a la vez mundana que sorprendería al mismo Paganini. Y el acordeón de Bawol no quedaba atrás en posibilidades sonoras.

En un tema, para sorpresa de todos, los instrumentos se convirtieron en percutivos, y de pronto, el violín en un laúd de sonido arabesco. Lo cual no hace extrañar que desde el primer tema el público se levantara a aplaudir exaltado.

Muy dados al público, y perfectamente en sintonía, el violinista se acercó a los espectadores recorriendo toda la sala de izquierda a derecha sin dejar de tocar como ofreciendo sus increíbles y hermosas melodías. Y mostrando, cómo no, que ya tiene muchas tablas de experiencia, y que él, y el resto de la banda saben agradecer los aplausos.

Después de más de 10 discos en su haber, los temas de su repertorio pueden ser de todo tipo e improvisar todo lo que quieran para deleite de los presentes. Y de hecho otra de sus demostraciones de generosidad hacia su público fue alargar el concierto casi dos horas con dos propinas. Uno, un tema que repitieron pero solo en su melodía básica reconocible, porque su capacidad de improvisación es tal que tocaron realmente otro. Para terminar con un bello y melancólico tema quizá del folclore del este. Además de hacer un recorrido por toda su larga discografía.

Temas como ‘’Times’’, ‘’Light in the darkness’’, ‘’Psalmia’’ y tantos otros difíciles de identificar porque por las veces que los he visto creo que son capaces de tocarlos en los conciertos de manera única, lo que da más valor a sus conciertos y sus discos en directo. No en vano han compartido escenario con gente como el fallecido maestro Ravi Shankar, o Van Morrison. Todo un lujo verlos en un espacio tan familiar como el de CajaCanarias. Y seguro que repiten. No se los pierdan la siguiente.

Concierto: Kroke

Lugar: Espacio Cultural Cajacanarias, 21-06-2018

Texto: Ananias Cohen.

Foto: Promocional.