A través de un repertorio original, el dúo compuesto por dos músicos cubanos muy relevantes en el jazz actual, el saxofonista Román Filiú y el pianista Iván “Melón” Lewis, nos llevará a un viaje a través de la historia de su amistad y su trayectoria musical. El concierto tendrá lugar el próximo 6 de octubre, a las 21.00 horas, horario habitual en el madrileño Bogui Jazz.

  • Román Filiú SAXO ALTO
  • Iván “Melón” Lewis PIANO

Román Filiú (Saxo alto):

“El debut de Musae ha marcado claramente al saxofonista cubano Román Filiú como una de las más importantes voces en la música moderna” – The New York City Jazz Record.

Antes de terminar sus estudios de saxofón clásico en el Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba, Román Filiú ya tocaba el saxofón en las más prestigiosas bandas que ha dado la Isla. Todo empezó en la orquesta de Issac Delgado hasta llegar a Chucho Valdés e Irakere pasando por un sin número de sesiones de grabación, giras, conciertos con nombres como Pablo Milanés, Lázaro Ross, Miguel Angá Díaz, David Murray.

En el año 2005 se traslada a Madrid donde graba su primer disco, “Blowin Reflections”, recibiendo buena acogida por parte de la prensa especializada. Durante su estancia en España se presenta con su banda en numerosos conciertos por toda la península y toca con una gran variedad de artistas como Javier Colina, la pianista Marta Sánchez, Horacio Icasto, Ojos De Brujo y muchos otros más.

Después de haber vivido en España por seis años, Román Filiú se trasladó a la ciudad de Nueva York donde se ha convertido en parte vital del movimiento musical en la gran ciudad. Su más reciente álbum, “Quartería”, en el sello Sunnyside Records ha sido alabado por los críticos recibiendo cuatro estrellas y media en la prestigiosa revista Downbeat. Román Filiú ha recibido varias comisiones destacando entre ellas The Jazz Gallery Residency Composition and Chamber Music América “New Jazz Works”.

Iván “Melón” Lewis (Piano):

Todo comenzó a la edad de 8 años cuando tuve que elegir un instrumento para comenzar mi educación musical. Tenía dos opciones: violín y piano, así que me decidí por la segunda opción. Aprender a tocar el instrumento requiere muchísimo tiempo, pero poco a poco iba avanzando. A la vez que aprendía de Bach, Mozart, Beethoven o Debussy, comenzaban a cautivarme Bill Evans, Bola de Nieve, Keith Jarrett o Ernesto Lecuona. Finalmente llegó mi primera oportunidad para tocar el piano en una banda local de La Habana. Tenía 15 años y estaba muerto de miedo pero la aproveché y me sirvió de mucho. La primera lección fue que tal y como sucede en la vida misma, hay muchas cosas que no te ensañan en la escuela.

Tenía 21 años y aún estaba terminando los estudios cuando oí que preguntaba por mí Issac Delgado, cantante de salsa y líder de una de las bandas más importantes de Cuba. No lo podía creer. Era la banda que oía casi a diario con mis amigos. ¡Mi favorita! Lo que vino después fue algo que aún hoy me cuesta creer. Después de algunos años tocando con Issac, empecé a darme cuenta de que varios pianistas más jóvenes comenzaban a imitar mi estilo. Empezaban a preguntarme acerca de mi forma de tocar y lo más curioso, cuando visitaba alguna escuela de música, podía oír a los niños tocar mis “tumbaos”. Aquello fue increíble.

Luego vino España, donde al principio las cosas no fueron tan bien. Empecé a vive con mi hermano mayor que ya estaba allí hacía tiempo pero yo no conocía a nadie y había poco trabajo o ninguno. Corría el final de los años 90 y todo el mundo hablaba y especulaba sobre qué iba a pasar con la inminente llegada del año 2.000, mientras yo andaba bastante perdido y triste en una España que no terminaba de abrirme las puertas. En esa época tuve que hacer varias cosas para vivir: repartir periódicos, camarero y algún que otro trabajo temporal que aunque difíciles, me enseñaron algunas de esas lecciones que son para toda la vida.

Finalmente, pude ahorrar el dinero suficiente para comprar mi primer piano en España, y con él llegaron los primeros problemas con mis vecinos, ya que no se tomaron demasiado bien mi práctica diaria y consistente. En dos ocasiones, tuve que hacer verdaderos esfuerzos para explicar a la policía que no era una fiesta lo que había en casa, sino que soy músico y necesito practicar. Durante este tiempo, tuve que recordarme a mí mismo constantemente que las dificultades que enfrentaba, pasarían y aparecería la luz al final del túnel.

Con el tiempo las cosas comenzaron a mejorar y logré un trabajo tocando el piano para un espectáculo musical de televisión. Poco a poco la motivación y el optimismo crecían mientras progresivamente regresaba a mi hábitat natural: el escenario.

En 2007 me presentaron a una chica que aunque muy tímida, era y sigue siendo dueña de un talento descomunal y una personalidad extraordinaria. Es una cantante capaz de expresar y transmitir emoción sin límite con su voz. “Hola, me llamo Concha”. Fue todo lo que dijo y eso fue el principio de una relación profesional que poco a poco, nota a nota, concierto a concierto ha ido creciendo hasta convertirse en un afortunado peregrinaje a través de prácticamente todos los escenarios del mundo.

Conocer a ‘Buika’, como se le conoce en el universo musical actual fue un punto de inflexión en mi carrera. Sin duda un antes y un después. Trabajar con ella durante casi 7 años me ha ayudado enormemente a entender y estar un poco más cerca del flamenco y la copla, géneros de la música española por excelencia. Hemos transitado por el jazz, experimentado en la World Music, bailado con boleros y rumbas y hemos mezclado todo ello hasta encontrar nuestro propio sonido.

Mi viaje personal y profesional continúa y creo que ha llegado el momento que llevo esperando desde hace mucho: trazar mi propio camino. Mi último trabajo trata de hacer una música que conecte con el público, creando el espacio perfecto para permitir que la imaginación y el disfrute vuelen libremente en todas las direcciones posibles.

Foto: Promocional.