Ya está en los cines la última película firmada por Bryan Singer –que fue despedido a mitad de su labor-, Bohemian Rhapsody, el biopic de una banda británica llamada Queen y centrada también en su carismático líder, Freddie Mercury. Como advertencia preliminar hemos de advertir que se ha ido al cine con la camiseta de su grupo favorito adherida al cuerpo. El cóctel no podía fallar, a uno de los grupos más grandes del rock de todos los tiempos, se le añade un chorrito de buenas actuaciones, mejores caracterizaciones y gran octanaje de rock and roll con los clásicos de siempre: desde la canción que le da título a la cinta hasta Hammer to fall o We will rock you.

En el capítulo de actuaciones, queremos destacar la actuación de Rami Malek como Freddie Mercury. Desde luego, todos los ojos iban a estar centrados en su labor y la lleva a cabo de manera perfecta y nítida.

Los condimentos propiciaron todo lo demás. Desde el comienzo se hace una acertada visión psicológica de los personajes, que en ocasiones como el caso de Freddie Mercury era bastante complicada de asimilar. Un caudal de éxito mal entendido, drogas, alcohol, tabaco y sexo desenfrenado hicieron del mito una leyenda. Y es en eso en lo que se centra la película. El desenlace de una vida de riesgo, poniendo en peligro no sólo una banda que era prácticamente una familia sino también amigos, familia dinero –que abundaba- y finalmente la vida. Un enfant terrible del rock con un final conocido por todos.

Gran parte del acierto de la película reside en no desdibujar todo su discurso con una vida de 45 años, finiquitada en el año 1991, y en no regodearse con el dolor ajeno. Hace bien el guionista planteando el final del film en el que para muchos fue el punto álgido de la banda, en aquel Live Aid que ayudaba a alimentar con diversas estrellas al continente africano.

Ello sin embargo, hace soslayar algunos discos favoritos de este quien firma esta crítica: Live at Wembley ’86 o el mismísimo A kind of magic (1986). Da igual, la historia ya estaba contada. El eterno amor de Freddie, más allá de sus apetencias sexuales por su primera esposa e incluso su pareja, los odios y las traiciones dentro de la industria discográfica, el proceso de grabación en los antiguos estudios a base de cinta, los pelos de un gran productor de la compañía EMI que se arrepentirá al no realizar convenientemente una campaña de publicidad a la espectacular canción que da título al film, todo está en la película.  Es decir, está compuesta por un largo rosario de ejemplos que dan una estupenda visión de la otrora todopoderosa industria de la música en los años 70 y en los inicios de los 80.

Sin duda, el momento cumbre y casi final es la recreación fílmica de Live Aid, concierto que en 1985 concitó el interés de todo el mundo, con actuaciones de relumbrón de destacados artistas como Bob Dylan, Led Zeppelin, Stevie Wonder o Black Sabbath, por nombrar sólo a algunos. Queen se apuntó sobre la marcha para su reunión y está considerado -tanto desde el punto de vista global como particularmente para Queen- a día de hoy, como uno de los hitos dentro de la música.

La forma de filmar esta recreación con la música de Queen en estado puro y pudiéndolo escuchar con la calidad óptima de sonido es, desde luego, un regalo para los sentidos. 20 minutos de placer extremo para el fan y no tan fan de la banda británica. El frontman y cantante nacido a Zanzíbar ya había contado a la banda en los ensayos que se moría de Sida. El resto era historia. Insistimos en la importancia de no revolcarnos en el dolor, en la imagen cadavérica de Mercury y del buen sabor de boca que nos deja la película.

En definitiva, felicidades por Bohemian Rhapsody, por poder disfrutar de una película interesante y no dejen de ir con los distintivos propios de una de las bandas de rock más grandes del planeta. Sólo nos queda por añadir un gran ¡Dios salve a la Reina!

Foto: Promocional (fotograma).