Víctima de mi hechizo -memorias de Nina Simone-, es el libro que ha publicado recientemente Libros del Kultrum autobiografía de las más poderosas voces del soul norteamericano. “Hace treinta años que empecé a escribir este libro”, afirma la afamada artista al consignar la nómina de agradecimientos con los que ponía fin a la revisión de la primera edición de 1991. Casi otros tantos hubo que aguardar para poder verlo traducido.

Nina Simone, nombre artístico de Eunice Kathleen Waymon (1933-2003) nació en un pequeño pueblo de Carolina del Norte cuando arreciaba la Gran Depresión.

La autobiografía de la gran cantante y pianista que vería finalmente la luz gracias a la colaboración del cineasta Stephen Cleary, desgrana la evolución de la prometedora carrera artística de una precoz niña prodigio que a los tres años apuntaba, según varias fuentes, buenas maneras.

Su formación pianística, de la que se vería apartada -según afirmaba ella- por el color de su piel, se truncaba el gran sueño de convertirse en la primera gran concertista negra de música clásica. Un mundo de privilegios reservados a la casta dominante en el que le fue vedado formarse y cuyas injustas prebendas acabaría denunciando mediante su progresiva implicación y posterior participación directa en la lucha por la defensa de los derechos civiles.

Indómita y rebelde con causa —por muchos considerada Suma Sacerdotisa del Soul—, acaso una de las artistas más incomprendidas de nuestro tiempo, Nina Simone sobrevivió a los “vaivenes entre el cielo y el infierno, los amores ardientes y los maridos abyectos, las sonoras protestas y las rabias calladas, los comportamientos erráticos, los exilios” y los desaires. Consiguió, no obstante, también sobreponerse a esas miserias y reunir las fuerzas y la convicción suficientes para entregarse al ejercicio de un activismo ejemplar por una causa que pronto haría suya, y a la que contribuiría con algunas de las canciones que iban a sacudir los hasta entonces apacibles cimientos de la acomodaticia industria discográfica norteamericana y a provocar una auténtica revolución.

 Foto: Promocional.