Carl Palmer pasó como un ciclón por el Teatro Leal de La Laguna el pasado jueves, rehabilitando de manera magistral los laureles del denominado rock progresivo. Mucha lluvia ha caído desde que Palmer fuera una de las patas fundamentales de una de las experiencias progrock británicas más aplaudidas y recordadas. Con su set de batería a la misma altura que sus acompañantes, guitarra y bajo, se disponía a dar una lección por todo lo alto, unos minutos pasadas las 9 de la noche.

Comenzando con unas sonoras campanadas y el pegadizo tema que compusiera Henry Mancini, Peter Gunn, desde el inicio de la cita quedó blanco sobre negro que no iban a haber concesiones. El nivel de octanaje de rock era tal que la concurrencia –que poblaba el graderío y la platea en un 60 % del aforo- no podía amarrarse al asiento. Quizás era un espectáculo más digno de un estadio e incluso de una sala de conciertos al uso que de un teatro como el Leal, y es que los cuernos y el ritmo endiablado invitaba a saltar y a sacudirse como mandan los cánones.

Hubo más de un paso acertado de Carl Palmer y sus chicos en el Leal. Por ejemplo, cumplió no sólo con el homenaje encomendado en el título del concierto sino que también hizo referencia a otras bandas seminales del género como fue el caso de King Crimson. También tuvo tiempo para unir una buena cantidad de solos eficaces y con técnica depurada.

Si la música ya no era suficiente como para calmar la sed del exigente público, Palmer también se ganaba al respetable con su spaninglis y con frases pronunciadas en un castellano más que aceptable. De esta manera, dejó claro que había sido durante mucho tiempo vecino de localidades norteñas de Tenerife (hasta donde se sabe Puerto de la Cruz y Orotava) y que por eso mismo consideraba ésta como una cita muy especial.

El concierto avanzaba con una versión brillante de Fugue in D Minor de Johann Sebastian Bach, versiones de Sky, otro grupo destacado de la era británica del progrock, tal y como confesó Palmer al público. También hubo momentos brillantes como con la conocidísima 21st Century Schizoid Man de los Crimson.

Al trío de instrumentistas le seguiría también un vocalista excelente. Los pinitos de Lino Vairetti eran de marca mayor, dio un impresionante nivel en alguna de las canciones como fue el caso de Lucky Man. Este precioso himno seminal tuvo su respuesta en el público y su refrendo con una cerrada ovación. La conexión clásica también estaría presente en una psicodélica versión de Carmina Burana. El tema de Carl Orff sonó redondo, apasionante.

En el solo de batería final, Palmer dio todo un recital. Se explayó con un surtido de variadas técnicas que lo convierten en un maestro del instrumento, más allá del género utilizado.  Fanfare for the Common Man, para casi finalizar el concierto era un grito encarnado que nos dejaba a todos con ganas de aún más. De mucho más. Jornada de las que hacen afición.

Emerson, Lake & Palmer Lives On!

ELP Legacy.

Foto: JP FotoGraphie

Texto: Héctor Martín