El trío de Avishai Cohen desató pasiones en el lagunero Teatro Leal de San Cristóbal de La Laguna. El combinado empezó su espectáculo a las 8 y 40 del pasado jueves 11 de julio. De manera discreta y horizontal, los protagonistas de la noche se presentaban en el escenario y sin mediar palabra se ponían manos a la obra.

Sin ningún tipo de artificio, la formación que ha puesto en el mercado el último trabajo Arvoles (Razdaz Recordz, 2019), es decir, Elchin Shirinov, al piano y Noam David a la batería y Cohen en el contrabajo, dejaron claro que no había ningún tipo de resquicio para la pérdida de tiempo. En definitiva, fueron al grano. La maquinaria del placer musical se puso en marcha y empezaron a sonar redondas canciones de este último disco, así como algún clásico del pasado.

Capítulo aparte merece el gran pianista Elchin Shirinov, sorpresa del concierto y por ende del Festival Internacional Canarias Jazz & Más Heineken. Es reconocida la fama de Cohen de presentarnos a nuevos valores de la música. Hubo gente que pasó por las teclas de su formación –casi siempre a trío- que ahora copan grandes puestos dentro de la árbol de la ciencia jazzera. Así, pasó por ese asiento algún músico como Shai Maestro, que ahora publica con la ECM. Ese es el transitar que se propone con Shirinov. Es el mismo caso, ninguno de los tres músicos se podían esconder en arreglos elaborados o, para ser más precisos, en excesos de instrumentación. Todos tenían que dar la cara y lo hicieron.

El batería Noam David también dio excelentes muestras de virtuosismo. No se prodigó tanto como Cohen o Shirinov en solos pero cuando los tuvo mostró con solvencia su capacidad.

Una canción de Avishai Cohen, por otro lado, suele tener un esquema muy interesante. Cohen suele ser amigo de proponer al oyente una visión de la canción casi plana, una especie de lago sin ningún tipo de vaivén. Sin embargo, una vez expuesto el tema, las convulsiones empiezan, el poder en el bajo de Avishai Cohen empieza a tener voz propia. Se podría decir que deja de ser ese lago para sentir como se convierte en un mar furioso, lleno de ritmo y poder. En alguno de los temas, Avishai Cohen también dejó clara su capacidad al arco. Nos dejó apasionados con inteligentes introducciones que operaban a favor del ambiente del concierto.

Cuando ya había pasado la mitad del concierto Avishai Cohen coge el micrófono por primera vez para presentarse y para hablar con el público. En ocasiones de manera muy jocosa, presentaba a sus acompañantes con algún improperio en español… “Elchin Shrinov, on piano … de puta madre”. También se deshizo en elogios hacía Noam David con el que ha compartido mundos musicales después de media vida. Desde los 16 años, según sus propias palabras. Después de los chascarrillos, más preciosista ejecución musical. Cada nota, cada tono estaba en su sitio. Todo perfectamente estudiado.

El set list, interesantemente construido, iba incluyendo alguna canción de las clásicas en su discografía. Juraría que pude reconocer Remembering y también Arvoles –así, sin acento y con v, puesto que está en idioma en ladino- y Simonero.

En otro de los contactos con el público, se escuchó algún “I love you” masculino desde la grada, a lo que Cohen respondió con un serio gesto de reconocimiento. También hubo tiempo para recordar el tiempo del contrabajista en la formación del pianista Chick Corea, incluso le dedicó una canción.

Los componentes del trío salían del escenario del Teatro Leal pero todos estábamos convencidos de que era el preámbulo de un merecido bis. Efectivamente, Avishai Cohen, por primera vez en la cita en solitario, se presentó en el escenario para coger su contrabajo. Ni corto ni perezoso empezó a hablar de cierto momento de hacía 10 años que pasaba en Málaga en un día libre, aunque inmerso en una gira. Según dijo, el momento le pareció propicio para seguir estudiándose canciones. Ahí nos dejó una de las perlas del concierto, una tremenda ejecución de Alfonsina y el Mar a contrabajo y voz que se encuentra incluida en su disco Aurora (2009).

Cohen confesó su nerviosismo a la hora de cantar en español rodeado de españoles. No tenía por qué: fue perfecta.

Después de una canción más el concierto acababa. Algo escaso con respecto al tiempo, quizás el concierto duró una hora y media pero ¡Qué más da!. Todo lo que sucedió en la tarima había estado al nivel esperado y, para nuestra alegría, incluso el público había poblado la bombonera lagunera en un 70 por ciento.

Foto