El cantante británico cuelga el cartel de ‘no hay entradas’ en el concierto celebrado en el Anexo del Estadio de Gran Canaria

El repertorio incluyó algunas de sus canciones más célebres -Dreamer, Give a Little Bit, The Logical Song- ante un público entregado

El repertorio de Roger Hodgson, colíder durante catorce años de Supertramp, está repleto de canciones históricas, que tocan la fibra nostálgica y las emociones. Y ese olor, que solo tienen las grandes citas, era el que desprendía anoche el concierto de Hodgson en el Anexo del Estadio de Gran Canaria, el de sus canciones históricas, nostálgicas y emotivas. Todo eso y más reflejaban los 3.500 rostros que miraban con admiración al cantante, al compositor, al guitarrista, al pianista. A quien durante 14 años de convivencia con Rick Davies escribió algunas de las canciones más hermosas del rock y que logró colgar una noche más en su gira el cartel de ‘no hay entradas’.

Y una a una desfilaron durante casi dos horas en un carrusel emocional que arrancó con fuerza y con la nitidez de una extraordinario sonido bajo los acordes de su teclado, que marcaron con firmeza los compases iniciales de Take the Long Way Home, incluida en el disco que cumple en 2019 los 40 años, Breakfast in America y con la que despertó el primer “oooh” de un público que se entregó a partir de entonces sin resistencia cada vez que un acorde anunciaba el inicio de algunos de sus temas más populares. Armado con una banda mucho más que solvente, liderada por su inseparable Aaron Mcdonald (saxofón tenor y soprano, teclados, armónica, flauta y coros), Bryan Head (batería y voz), Kevin Adamson (teclados y coros) y David J. Carpenter (bajo y coros) el concierto transcurrió como se preveía, con alguna que otra sorpresa, pero brindando a su audiencia lo que había ido a buscar, la banda sonora de su vida.

Hodgson, con su amabilidad y cercanía, se presentó ante la multitud expresando su gratitud por el calor del recibimiento, invitó a la gente a desprenderse durante dos horas de sus problemas y disfrutar de esta excelente medicina llamada música, aportando a continuación una dosis infalible de Supertramp, con la armónica anunciando una de las canciones más populares que ha escrito, School (Crime of the Century, 1974) y luego el teclado que introduce Breakfast in America (1979), lo que hizo que subiera la temperatura del concierto.

En su repaso a más de 50 años de canciones, Hodgson solo obvia las que conforman sus dos primeros discos –Supertramp (1970) e Indelibly Stamped (1971)-, el resto de su discografía, incluidos algunos temas de su carrera en solitario, queda perfectamente representada, aunque siempre habrá alguien que saldrá de sus conciertos echando en falta alguna composición, algo lógico teniendo en cuenta su ingente repertorio. Así, su siguiente entrega incluyó los dos temas que abren Crisis? What Crisis? (1975), Easy Does It y Sister Moonshine, dos auténticas joyas de su cancionero. Luego llegó una de las sorpresas, la interpretación de Hide in Your Shell (Crime of the Century), que había desaparecido en esta gira de sus conciertos “por su dificultad” explicó el propio Hodgson un día antes en rueda de prensa al comprobar que era la favorite entre un nutrido grupo de periodistas. Y a pesar de la complejidad vocal que requiere, la cancion alcanzó uno de los grandes momentos de la noche. Un gran detalle de Hodgson su inclusión en el setlist.

Con Lovers in the Wind, incluida en su album en solitario In the Eye of the Storm (1984) y con el único paréntesis de la celebradísima The Logical Song (Breakfast in America) inició un repaso a algunos temas propios como Death and a Zoo (Open the door, 2000) y Only Because of You, o alguna menos popular como Lord is it mine (Breakfast in America), antes de acometer una recta final de concierto incontestable, invitando ya al público a levantarse y acercarse al escenario con la más conocida de su discografía sin Supertramp, Had a Dream (In the Eye of the Storm) y encadenando a continuación un cierre épico con Child of Vision (Breakfast in America), Dreamer (Crime of the Century), Fool’s Overture (Even in the Quietest Moments…aquí los pelos como escarpias), Give a Little Bit (Even in the Quietest Moments…) y final de traca con It’s Raining Again (Famous Last Words).

Poco más que decir ante la incontestable demostración de profesionalidad de un cantante que a sus 69 años podría disfrutar de la vida y de los royalties que producen sus innumerables éxitos, pero que sigue disfrutando sobre un escenario hacienda lo que major sabe, hacer felices a los que aman su música.

Foto: Tony Mateo.

Texto: Mario Alonso.