21/09/2019. Let’s Dance. Teatro Guimerá. Fimucité 13.

Como si de una cinta de grandes éxitos se tratase, pasó como una exhalación por el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife el espectáculo Let’s dance. Con un repertorio que podría haber adornado cualquier cassette de recopilación de canciones de las décadas de los 70, 80 y 90 con el invariable título de ‘I love dance’, este show congregó en su primer pase a una buena parroquia de fieles tinerfeños.

Desde el comienzo del espectáculo, cumplidas las 7 de la tarde, se dejó claro que la banda que dirigía Gonzalo de Araoz Vigil iba a dar lo mejor de sí misma para engatusar a un público que parecía convencido de antemano.

Sin embargo, no sólo de humo estaba compuesto el espectáculo. Desde el inicio con Wipe Out de The Surfaris, que compuso la bso de Dirty Dancing y con una espectacular conexión con la eterna Everybody needs somebody to love de The Blues Brothers se tuvo meridianamente clara la propensión de la noche para disfrutar y bailar sin ningún tipo de reparo.

Con respecto a la banda, nada menos que 18 intérpretes entre músicos, cantantes y bailarines se alojaron en el escenario del Guimerá para hacer las delicias del público cautivo de la nostalgia. No nos engañemos, todos querían volver a revivir aquellas canciones que fueron parte de su niñez y de su juventud y el juego estaba previsto de antemano. Muy mal se le tenía que dar a la banda para no soltar una suerte de hechizo que cautivara al respetable asistente. Pocas veces se ve el Teatro Guimerá con ese número de público. Hay que tener en cuenta que habían dos pases y que en el primero, que fue el que nosotros disfrutamos, estuvo relativamente lleno.

Uno de los aspectos más positivos de la velada fue la constatación del nivel vocal de la contienda. Héctor Quintero, Patricio González, Zuleyma Medina y Patty Baker fueron vitales para defender temas que conoce todo el mundo. De esa manera, Dont’ go breaking my heart, Land of 1000 dances, It’s not Unusual o Great Balls of Fire, así como My Sharona eran canciones que hacían las realidad los deseos del público y que, a la vez, testaban la capacidad de los cantores. El cuerpo de baile también hacía algo más atractivo, si cabe, el espectáculo.

Uno de los momentos cumbres del espectáculo fue cuando se invitó al teclista Vince DiCola. DiCola es el reconocido creador de bandas sonoras como la de la película Staying Alive o Rocky IV, así como la serie animada de Transformers. Fue cuando salió a escena una plataforma móvil con dos teclados rojos y ahí, con toda la pompa y circunstacia, Vince dejó buenos trazos de su arte. Inyectó sangre ochentera para que la experiencia nostálgica fuese completa. Era el comienzo de la segunda parte del show.

Si hay que poner algún pero a la actuación quizás viene derivado de la elaboración del set list. Desde nuestro humilde punto de vista, las canciones más reconocidas por el público fueron incluidas antes del descanso y en la segunda parte del concierto interpretaron algunos temas menos directos.

Dicho lo cual, la calidad musical del evento seguía siendo razón adecuada para dejarse llevar como una rama al viento. Temas como War, de Hora Punta (Rush Hour) o Footloose -que ya había sonado en otros espectáculos de la misma serie de otros años del Festival- daban a la cita un matiz redondo y amigable. Al final, canciones como Im Still Standing de Sir Elton John (Sing) actuaban como aceite para desengrasar la maquinaria y ayudaba a disfrutar todavía más de la apetecible velada chicharrera.

Foto: Aaron S. Ramos.