Se sabe que nada es eterno y que todos somos prescindibles, estamos de paso y la vida lo trasciende todo. Hay lugares, no obstante, que se resisten a esta afirmación, pues acaban siendo morada, espacios donde uno se siente en casa. Ahí está la sala Bogui Jazz, que acaba de cerrar sus puertas tras 14 años de intensa y feliz actividad. Ubicada en el 29 de la calle Barquillo, en el corazón de Chueca, el Bogui ha sido, efectivamente, salón de estar para toda su clientela, y bar, café, taller de creación, laboratorio, primer escenario para bandas y proyectos noveles, escenario mayor para grandes caballeros y leyendas del jazz… Es una manera de decir, vaya, que el Bogui era mucho más que una sala de conciertos, era el gran pulmón jazzístico que ha tenido Madrid en este tiempo, empleando su actividad a este género los 365 días del año, recogiendo el clamor de su pasado, pero también el eco de su futuro. Lo ha dicho Montse García-Albea, viuda de Tete Montoliu: desde el Whisky Jazz no ha existido en Madrid un club donde está, nuestra música, descubriese un hogar como el Bogui.

30 Octb. GALILEO GALILEI. JAZZ CON SABORA A CLUB – MOMENTOS ALHAMBRA JAZZ presenta “HOMENAJE A BOGUI JAZZ” Gran Jam Session dirigida por Sebastian Chames + Artistas invitados: Javier Colina, Jorge Pardo, Pepe Rivero, Verónica Ferreiro, TJ Jazz, Noa Lur… 20h. Entrada Libre (hasta completar aforo) #Jazz #Jam Session

Al frente de este sueño… un loco… Dick Angstadt, un panameño de mundo que aparcó su vida resuelta en una multinacional para fijar su residencia en Madrid y dar paso a una de sus pasiones, el jazz, de la mano de quien para él fue mentor, maestro y amigo, el añorado Juan Claudio Cifuentes “Cifu”. Así empezó todo, mano a mano entre estos dos enfermos de jazz, interminables horas de conversaciones, disquisiciones sobre unos y otros artistas, tendencias, necesidades y… adversidades, porque… ¿a quién se le ocurre montar un club de jazz hoy por hoy? Pues eso, a un loco, entrañable, simpático, entusiasta, generoso… pero un loco… Lo peor de todo es que si mañana volviera a la arena seguramente decidirá montar otro club… Hay enfermedades que no tienen cura y, en este sentido, Dick siempre estará cerca del jazz.

Han sido casi 5 décadas al frente del local de Barquillo, primero con el restaurante Casablanca, luego con el bar Kingston y los últimos 14 años con el Bogui Jazz, nombre con guiño a Humphrey Bogart. Ya era hora de descansar, mirar al norte y buscar esos cuarteles de invierno que todo luchador necesita. La familia y los amigos más cercanos también se lo pedían, bueno, en realidad se lo pedía todo el mundo menos los músicos y aficionados al jazz. Hoy ha echado el cierre con sentimiento agridulce, el que da la pena del adiós y la satisfacción del trabajo bien hecho. Desea que la aventura del Bogui sea estímulo para otras salas, con otras personalidades, otras circunstancias, pero filosofía similar. La filosofía que el año pasado fue reconocida por la prestigiosa revista Downbeat, que la valoró por ser uno de los clubes de jazz más importantes de todo el mundo.

Atrás quedan innumerables horas de música enorme. Y mucho esfuerzo, sinsabores o injusticias como la que una ordenanza municipal de intereses no muy claros llevó a Dick a tener cerrada la sala durante varios años. Pero no, hoy no toca hablar de sufrimiento, sino de la alegría inmensa que nos ha regalado un escenario que empezó con humildad y acabó con grandeza. Por sus tablas han desfilado popes como Scott Hamilton, Barry Harris, Gary Smulyan, Jesse Davis, Robert Glasper, Mark Turner, Jerry Bergonzi, Melissa Aldana, Ken Vandermark, George Garzone, Seamus Blake, Aaron Parks, Bob Sands, Jorge Pardo, Pedro Iturralde, Javier Colina, Chano Dominguez, Antonio Serrano, Baldo Martinez, Freddy Cole, Joachim Khün… Y también, talentos jóvenes que allí se hicieron mayores: Moisés P. Sánchez, Marta Sánchez, Michael Olivera, Monodrama, Luis Verde, La Resistencia, David Sancho, Ariel Brínguez, Kontxi Lorente, María Toro, Antonio Lizana, Pablo Martín Caminero, Verónica Ferreiro, Noa Lur, T.J.Jazz… La lista es interminable, pues pocos músicos de jazz residentes en nuestro país no han pisado su tarima.

Dick Angstadt es un tipo de una pieza, sí, de esos que hablan con una mirada o un apretón de manos. Nada de su sueño hubiera tenido sentido si no lo hubiera podido compartir, pues por eso siente que la cultura está para emocionar, sí, pero también para hacernos pensar. Para hacer más plena la vida, en definitiva, pues todo lo demás es accesorio. Y sí, él mismo ya nos acaba de corregir: nada es eterno, menos… el jazz.

De momento, que suene la música de Sebastián Chames y su trío, como grupo base de una velada a la que están invitados todos los músicos de Madrid para lanzar una jam sin hora límite. Será en Galileo Galilei, el día 30 de octubre: están todos ustedes invitados.

Texto: Pablo Sanz.

Foto: Jaime Massieu