¿Me han dicho que usted pinta casas?

No es fácil abordar una crítica como la de El Irlandés. No se puede pegar uno al ordenador para escribir cuatro letras llenas de vaguedades y estar al tono de este tremendo film que vale cada segundo de sus tres horas y media de película. Sí, han leído bien, Martin Scorcese nos deja clavados al asiento de un trono fílmico más de tres horas y uno sin pestañear.

No se trata de una película con un guion fácil y todos los personajes están perfectamente hilados. De hecho, se deja negro sobre blanco que Scorcese viene de un estilo de hacer películas, dentro de la infraestructura del Nuevo Hollywood de los años 70, en donde el arco de personajes era prácticamente la biblia. Me explico, sería increíble que alguien que haya visto la película Taxi Driver (Scorcese, 1976) no se pusiera en la piel de lo despreciable que era Travis Bickle antes de ser un héroe de la sociedad americana y emprenderla a tiros, tomándose la venganza por su propia mano. Este es sólo un ejemplo, pero podríamos citar muchos: desde El Padrino de Coppola a Toro Salvaje, pasando por Mean Streets, éstas últimas también del director de El Irlandés. Con estos acontecimientos presentes, él viene de un cine que ya no se hace, o que apenas tiene eco en las carteleras multitudinarias.

En esta aclamada película de Martin Scorsese, el sicario Frank Sheeran rememora los secretos que guardó por lealtad a la familia mafiosa de los Bufalino.

De ahí que Scorcese haya emprendido una furibunda batalla, probablemente perdida de antemano, ante el universo de estudios que proponen películas baratas de arco de personajes y de narración para usar y tirar. Baratas hasta desde el punto de vista de su plasmación en escenarios, elaborados mayoritariamente a base de CGI y de croma. Es comprensible. Cualquiera que tenga un nombre respetable podía haber puesto los puños sobre la mesa y podía haber exclamado ¡pongan asunto a guiones y no a guerritas maniqueas de buenos y malos! Era de comprender que fuese un superclase del cine de los 70 y no es cuestión baladí.

Una muestra de que no todo el tiempo pasado fue mejor está, sin embargo lo dicho, en El Irlandés. Todas las “majors” evitaron tratar este elaborado guion y las exigencias siempre altas de Scorcese. La única propuesta que se rumorea que ponía a los estudios fue: quiero libertad artística total. Nadie tiene a día de hoy esa libertad y Scorcese lo sabía. El último que la tuvo en algunas películas fue probablemente Stanley Kubrick. Y el bravo director del Bronx falleció ya hace mucho, en 1999.

El Irlandés es una obra maestra. Es de locos perdérsela en el cine, porque hay que disfrutarla en su esplendor, en una gran pantalla, en versión original e intentando sortear subtítulos en lo posible. Mucho se ha hablado de la técnica de rejuvenecimiento facial aplicado a De Niro, Al Pacino y Joe Pesci. Palabra que es lo de menos lo que pensemos al respecto, porque en esta ocasión la nueva tecnología sí se pone al servicio de la trama y no al revés.

El Irlandés, para colmo de bienes, va de lealtad. Algo tan escaso en el mundo actual. Lealtad en un entorno más ocre que claro, es evidente, pues se trata del mundo de la mafia. También narra cuestiones absolutamente plausibles y basadas en un hecho real, la relación “laboral” que mantuvo un sicario con sus empleadores y con su, si nos refiriéramos en lenguaje coppolita o de Mario Puzo, “Familia”.

Impecable dirección de actores, soberbia actuación de los mismos, inenarrable forma de tratar las escenas de acción y superlativo conjunto con un reparto, insistimos, de ensueño. Todos los citados e incluso Harvey Keitel (que apropósito también estuvo en Taxi Driver y en Mean Streets). Nos han dicho que hay un corte de unas cinco horas de película y no nos sorprende… Keitel desaparece sin más y asumimos que en ese corte tiene más protagonismo.

No habría ningún tipo de espacio en esta crítica para ser justo con El Irlandés. Tendríamos que reparar en muchísimos e increíbles detalles. Para más inri, para entrar en minucias tendríamos que acudir a un doble o triple visionado. Es tanta la orfebrería que uno se lo pierde en el primer contacto.

Gracias Scorcese y gracias a Netflix por haber “parido” este trabajo sin par que vuela por encima ¡Y ya es decir! de títulos como Casino, Uno de los Nuestros o El Lobo de Wall Street. Gracias por haberlo podido ver en pantalla grande y prepárense porque no hay ninguna excusa para que esta ardua labor no coseche cualquier tipo de premio o estatuilla dorada. Es la única competidora real que le va a hacer sombra a Joker de Todd Phillips y Joaquin Phoenix en los premios del cine de este 2019.

Foto: Promocional.