El pianista Tigran Hamasyan dejó en una nube de feliz atmósfera al público que el pasado sábado 16 de noviembre abarrotó el Espacio Cultural CajaCanarias. Pasaban unos minutos de las 8 de la noche cuando Tigran se presentaba en el escenario, de riguroso negro en la sala santacrucera –recién remozada y repintada en blanco-. Poco a poco fue desgranando elaboradas canciones una hora y media de teclas que valían un potosí.

No hay que ser ningún genio para descubrir que Tigran Hamasyan es uno de los máximos exponentes del piano de nuestros días. Su fórmula es verdaderamente notable: va intercalando algún toque de jazz, con clasicismo, incluso algún toque de folk del oriente y perfumes atmosféricos, todo ello investido de una genial coherencia interna. De este modo, la música habla por si misma. De hecho, casi ninguna vez Hamasyan se dirigió al respetable.

El armenio, nacido en el año 1987, tenía a su disposición no sólo un lujoso piano acústico sino que se valía también de un set de música electrónica, esto es un pequeño teclado y una mesa de sonido que intervenía el sonido. Cada canción era como un viaje que el público acogía de muy buena gana. Desde los comienzos, Tigran capturó a la concurrencia con una amalgama de buenos sones e imaginación.

En muchos de las casos, Tigran exponía el tema principal y se quedaba jugando con muy poquitas teclas. Con esta circunstancia dada, ahí introducía ligeras improvisaciones y variaciones. De hecho, de manera solemne y estupenda usaba el micrófono para cantar encima de sus teclas, dotando al sonido de mayor amplitud. ¿Hubiera sido mejor que el pianista se hubiera presentado en otro formato? ¿Trío o cuarteto? No. Todo lo necesario estaba ahí, dentro de la noche musical. Llamó especialmente la atención cuando a una combinación de teclas introducía vocalmente una serie de interesantes colecciones de ritmos e incluso cuando acompañaba a los estribillos con su canto.

Sin embargo, no todo fue oro en la noche santacrucera. A nuestro humilde parecer hubo un momento en el que no comprendimos todo lo que quería hacer Tigran Hamasyan en escena. Y fue cuando quería introducir algunos toques de música electrónica con el set que podemos denominar como secundario. Sin dejar de reconocer la importancia imaginativa de la propuesta, debemos decir que Hamasyan no supo integrar de manera adecuada esta parte que hubiera dado todavía más impresión atmosférica a su música. Abordaba el trabajo en el set secundario y después olvidaba seguir trabajando en ello.

En definitiva, balance más que positivo de la noche tinerfeña de Tigran Hamasyan. Concierto especialmente indicado para aquellos a los que les guste enfundarse en una suerte de música atmosférica, ciertos grados de frescura musical y modernidad y con la única “magua” o el “pero” de la falta de integración entre la propuesta electrónica y acústica. Además, hay que sumar la importante afluencia de público que llenó prácticamente la sala, algo que hace reconciliarnos con la magia de la música en directo.

Foto: Promocional.