La formación tinerfeña llega al 36º FIMC con la síntesis sinfónica de la tetralogía de El Anillo del Nibelungo de Wagner.

Bajo la dirección de Antonio Méndez y con más de 100 músicos sobre el escenario, los conciertos serán el jueves 16 en Tenerife, y el viernes 17 en Gran Canaria

La Orquesta Sinfónica de Tenerife se incorpora esta semana al 36º Festival Internacional de Música de Canarias con un gran reto: la interpretación de ‘El anillo sin palabras’, la síntesis sinfónica que realizó el maestro Lorin Maazel en la década de los ochenta de la más ambiciosa obra de Wagner, la tetralogía ‘El anillo del nibelungo’. Bajo la dirección de Antonio Méndez, y con más de cien músicos sobre el escenario, esta ‘suite’ que reduce a algo más de una hora las quince que dura la versión operística original, se podrá escuchar este jueves 16 de enero, en el Auditorio de Tenerife, y viernes 17 en el Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, en ambos casos a las 20:00 horas.

Con este apasionante programa el FIMC ha querido rendir homenaje a la formación tinerfeña: aunque su historia se remonta a más de 80 años atrás, este 2020 se cumple medio siglo de su denominación como Orquesta Sinfónica. Ya son 36 ediciones ininterrumpidas de FIMC y, con ello, 36 oportunidades en las que la Sinfónica ha renovado su fidelidad con el festival. Las entradas para disfrutar de esta música trascendente y de altos vuelos se encuentran disponibles en las plataformas habituales de los auditorios capitalinos y en sus taquillas, con precios que oscilan entre los 20 y 50 euros. En el concierto de Tenerife habrá una charla introductoria a las 19.00 horas a cargo del musicólogo Ricardo Ducatenzeiler, con el patrocinio de Fundación Cepsa.

El concierto ha sido presentado hoy por el maestro Antonio Méndez, acompañado del director del FIMC, Jorge Perdigón, y de la consejera de Cultura del Cabildo, Concepción Rivero. En este acto, Perdigón afirmó que se trata de “una de las obras más hermosas que se hayan realizado en los últimos 25 años”, al tiempo que señaló que será “una oportunidad de escuchar a Wagner con tranquilidad y de aprender a amarlo”.

Para Antonio Méndez “lo más importante de la obra es cuándo se hizo, cómo se hizo y todo lo que, tanto en el mundo de la música como en el cine, le deben a esta obra”. El director puso en valor “el legado que nos ha dejado Wagner [en una época en la que aún buscaba el consejo de Schumann, que todavía vivía] es algo que nos puede ayudar a poner en situación esta obra”.

El anillo sin palabras

El reconocido director y violinista Lorin Maazel, abrazó la majestuosa gesta wagneriana ‘El anillo del nibelungo’ con la idea de transformar en una pieza de concierto las partes instrumentales de esa monumental tetralogía, integrada por cuatro obras que en total suman más de 15 horas de música, desde el objetivo de reducirlas a algo más de una hora y cuarto y así dar vida a ‘El anillo sin palabras’.

Pero Maazel fue más allá de lo que habría hecho cualquier otro arreglista, ya que su intervención no se limitó a crear una simple suite orquestal, sino que también modificó el orden de las diferentes secciones, según su propio discurso dramático, reorquestando pasajes en los que la voz cantada tenía protagonismo en la obra de Wagner. Como resultado consiguió un discurso del todo coherente y un buen resumen articulado de los muchos motivos musicales de la obra, pero sin caer en excesivas repeticiones.

La historia que rodea la génesis de ‘El anillo sin palabras’ se remonta a 1987, cuando la prestigiosa discográfica Telarc le encargó a Maazel realizar una síntesis musical de la tetralogía wagneriana, creando una versión que redujera los tiempos y tuviera cabida en un disco compacto de audio digital, ahorrándose para ello las participación de los cantantes. La idea de la discográfica no era otra que llevar la magia de los grandiosos dramas musicales wagnerianos a un nuevo público de melómanos.

Maazel no dudó en asumir el reto y, como fundamento, recordó lo que en su momento ya había comentado Wieland Wagner, nieto del compositor alemán, en 1960: “La esencia de esta pieza se encuentra, después de todo, en la orquesta. Ese es el subtexto, el subconsciente universal que liga a los personajes de Wagner”. La orquesta, por tanto, es el manantial de donde brota todo el poder del anillo y Maazel asumió estas palabras cuando dirigió la pieza en Berlín, con la Filarmónica de aquella ciudad alemana, en el año 2001: “La parte orquestal es en sí el anillo, está encriptado en un código musical”, explicaba entonces el director.

Lo cierto es que a la hora de escribir la partitura se le impusieron una serie de condiciones estrictas para dar forma a esta adaptación: la música debía desenvolverse sin interrupción; seguir la trama en cada detalle desde la primera nota hasta el último acorde y cada nota debía haber sido escrita por Wagner.

Para articular este gran poema sinfónico, Maazel trabajó con varios principios básicos: dar prioridad a la música orquestal y no vocal; reescribir lo menos posible; comenzar la obra con el preludio de ‘El oro del Rhin’ y terminarla con los acordes finales del ‘Crepúsculo de los dioses’. Para ello utilizó cinco pasajes de ‘Rheingold’, seis de ‘Die Walküre’, cinco de ‘Siegfried’ y seis más de ‘Götterdämmerung. Así se articula la narración mitológica que empieza con el robo de un anillo con poder sobre todos los humanos y que acaba con el hundimiento del Valhalla y el final de las religiones.

El resultado, a nivel musical, tiene dos grandes atractivos. Para un público general, permite disfrutar de la orquestación wagneriana y de algunas melodías más que conocidas. A los entendidos se les brinda la posibilidad de identificar cada símbolo wagneriano en una especie de juego que permite reconstruir todo el argumento.

En enero de 2009, con ocasión de la XXV edición del FIMC, la Orquesta Filarmónica de Viena bajo la batuta de Maazel ya interpretó ‘El anillo sin palabras’, un programa que se completó con la Séptima de Mahler.

Sinfónica de Tenerife y Antonio Méndez

La Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST) recoge este anillo como un compromiso. Van a ser más de un centenar de músicos los que ocupen el escenario bajo la batuta de su titular, Antonio Méndez, abordando un programa muy especial.

La OST es una de las instituciones musicales con más prestigio de España por su trayectoria, historia, calidad y carácter innovador a lo largo de los años.  La formación se ha convertido, además, en el referente cultural de la Isla y ha sido embajadora en las giras nacionales e internacionales que ha realizado, con actuaciones destacadas en Alemania, Austria, Estados Unidos, Reino Unido y China, entre otros escenarios.

Desde la temporada 2018/2019 su director principal es Antonio Méndez (Mallorca, 1984), quien se ha convertido en uno de los maestros más solicitados, consolidados y fascinantes de su generación, y está estableciendo estrechos vínculos con las orquestas más importantes de Europa.