Si Bob Dylan hubiera sido el responsable de escribir la historia de Richard Jewell probablemente hubiera usado su canción del disco Desire de 1976, Hurricane. Ya saben ustedes “es la historia de un huracán, del hombre al que las autoridades culpan”. Pues sí, la historia de R. Jewell no es una innovación y es algo que se ha contado más de una vez en el negocio del cine norteamericano y he de decir que el veterano Clint Eastwood se ha hecho de manera magistral con las riendas de este ciudadano norteamericano. Nos remontamos, en consecuencia, a los hechos acaecidos en el año 1996 en el Centennial Olympic Park de Atlanta, Georgia (USA) en plenos Juegos Olímpicos.

Bien decantado hacía el lado poco poderosa de la historia, el longevo director decide ser el abogado en la ficción, en los comienzos de 2020, de Jewell y mostrar hasta el más mínimo detalle de la chapucera investigación y de la defensa del caso. La película retrata de manera fiel un concepto muy particular: colgarle el muerto al que más convenía. Una persona algo torpe, algo lenguaraz y probablemente poco avispado era lo que necesitaba la policía de aquellos tiempos. Ideal para que pagara el pato.

Técnicamente la película se limita, nos parece, a abogar por Jewell y la verdad es que no lo hace con ningún tipo de alarde técnico pero si con la solvencia a la que nos tiene acostumbrado el gran actor y director que ya es todo un ícono y un mito viviente del séptimo arte, Clint Eastwood. Por su parte, los actores están perfectamente escogidos para la labor. Podemos empezar por alabar el trabajo de Paul Walter Hauser al que ya le conocíamos por sus extraordinarios papeles secundarios en buenos filmes como “Yo, Tonya”. Tampoco se quedan atrás tanto Sam Rockwell como Kathy Bates, así como la “interesada periodista” que interpreta en el papel Olivia Wilde (¿Quién no la recuerda de su trabajo en House M.D.?). Papel este último que, por lo visto, ha valido la recriminación del periódico Atalanta Journal-Constitution porque la película insinúa ciertos controvertidos métodos de periodismo utilizados para recibir información.

Fuera como fuese, esto no es va en menoscabo de una cinta sólida en cuanto a guion y los hechos que narra. Seguimos encontrándonos una historia humana, muy acercada al suelo, algo que le puede pasar a cualquiera en la situación del “castigado”. 88 días de terror en el que todos los poderes del Estado más fuerte del planeta tierra y su prensa hizo del señor Richard Jewell –en paz descanse- presa fácil.

También es bastante peculiar y amable la banda sonora que ha sido compuesta y dirigida por el trompetista cubano Arturo Sandoval que está al nivel que la obra exigía. Suena exactamente cuando y como debía.

En conclusión, Clint Eastwood usa la historia de Richard Jewell para hacer un retrato muy justo de un hecho real. Muy al estilo de sus últimas películas como La Mula y El Francotirador. Eastwood con 89 años parece que está más vivo que nunca, con más ganas de contar que nunca y –si nos lo dejan afirmar- con la intención de ponerse al lado del débil y esto por más que un Presidente demócrata como Bill Clinton estuviese en la administración de la Casa Blanca en esos momentos tan peculiares de la Historia de Norteamérica.

Foto: Promocional.