Birds of Prey o Aves de presa, o La fantabulosa historia de Harley Quinn, – o cualquier nombre que le hayan puesto a posteriori y dado el perjudicial final económico que ha tenido- supone un nuevo desengaño de las factorías de animación y de cine. Otro nuevo título basado en comics y en concreto de DC. Ha sido dirigida por Cathy Yan. Además de una gran cantidad de personajes secundarios también hay una protagonista para mayor gloria de su propia persona: Harley Quinn, claro, Margot Robbie. Todo ello aprovechando la supuesta buena estela de una película que no nos gustó: Escuadrón Suicida (publicada en el año 2016).

Hemos escuchado los cantos de la sirena de la publicidad, reclamándose a ella misma como un canto feminista y como esa necesidad que tiene las mujeres de sentirse –como se dice ahora- empoderada. Sin embargo, la película no es más que un despliegue de efectos y de colores vacíos. Es más, se puede considerar que esta película sólo hace un canto a la masculinidad mal entendida. Se reproducen todos los vicios de ésta y se incorpora a un reparto femenino. Ni más ni menos.

Para colmo, no encuentran con un reparto a la altura. Y vamos a ir poco a poco desgranando que pensamos sobre todos porque hay mucha tela que cortar.

El malo: Ewan McGregor. Éste ha sido un buen actor pero ahora no pasa por su mejor momento. Hay que partir de una base, no tiene un buen guion a donde agarrarse. McGregor hace el cesto que puede con los mimbres que recibe. Especialmente para él que hoy por hoy no va sobrado de disponibilidad actoral. Nadie nos explica de donde viene su rol, porqué se supone que va a tener la posibilidad de gobernar Gotham y su relación con su deseado diamante es, en todo caso, una disponibilidad de futuro pero no de poder presente como se supone que se debe de desprender de la película.

El grupo de las “buenas”: Rosie Pérez. Cómo disfrutamos de Pérez en papeles como Perdita Durango. Era macarra, era mala y se notaba. También estaba muy bien rodada. Sin embargo aquí es una policía lesbiana con muy malas pulgas y con inconformismo hacia sus propios jefes. Eso, no nos los muestran, eso, nos lo explican. Su papel es cuanto menos inverosímil.

Mary Elizabeth Winstead o “Cazadora”: en este personaje si se ocupan en explicar el pasado. Sin embargo su rol no es importante. Es una más dentro de la coral que acompaña a Robbie, a Quinn.

Jurnee Smollett, Canario Negro, un poco más de lo mismo. Sí, sabemos que es una cantante y que lo hace bien. Hace de infiltrada en el grupo de los malos y de chófer cuando “asciende” en la misma empresa. Pero su desempeño es también muy olvidable. No hace mucho más que acompañar la acción.

También una niña de origen asiático que Harley Quinn tiene como aprendiz de todo lo malo de su vida. Caminando por el lado más salvaje de la vida. Nada de empoderamiento, nada ejemplarizante, desde luego. Es el acompañamiento medio cómico y medio social del McGuffin de turno.

Estas heroínas se desenvuelven a mamporros con una infinidad de malos sin nombre ni apellidos – eso sí, por supuesto, muy masculinos ellos-. La película no es más, en cierto momento, que una película de Bud Spencer y Terence Hill. Eso sí, con nombres y apellidos mujeres. Como si eso fuera un canto de esperanza al feminismo. Como si fuera un moderno trabajo de Simone de Beauvoir. Pues nunca más lejos del objetivo. Establecer cánones masculinos a féminas es de todo menos feminidad bien entendida.

El guion, en construcción, no empieza mal. Empezamos a entender lo que pasa con Quinn sin mostrarnos una razón segura de la separación de ella con su bomboncito: Joker. Pero lo dejamos pasar, nos vamos aproximando a su vida. Sin embargo, llega un momento que los desordenados flash backs –como ya ocurrió en Escuadrón Suicida- son sencillamente una colección de manchones en el expediente de la película. He llegado a escuchar la argumentación relativa a que Quinn tiene su cabeza desordenada. No, no vale, un guion que merece la pena tiene que estar perfectamente construido.

Poco a poco se va cayendo el castillo de naipes con un soplido. Entre esos flashbacks furibundos y que lo que cuenta no es de gran enjundia la película va palideciendo. Hay que enseñar algo más que Harley Quinn entrando en una comisaría como si fuera Arnold Schwarzenegger en Terminator 2 con una arma de circo y de broma impartiendo su propia justicia.

En ese sentido, la labor la tenían relativamente fácil. Fácil si se hubiera llevado por el caudal atesorado en sus mismos comics. Podían –según los expertos- haber releído sus propios textos e intentar hacer algo por filmarlo. Es más, podían haber parado la producción dado el éxito de Joker de Todd Phillips y haber hecho algo mucho más decente, mostrando a una Harley Quinn humana y cañera. Contar las circunstancias en las que una persona supuestamente equilibrada pierde los papeles. Una psicóloga que se vuelve loca es verdaderamente un tesoro, un potosí como idea que podría haber parido mejor idea, mejor guion.

La película acaba dejando clara la intención de secuela. Pues hay mucho que mejorar, mucho.

Foto: Promocional.