En el año del centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós, el intenso programa de iniciativas desplegadas por la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario, persigue acercar todos los aspectos de la vida y la dimensión de la obra del escritor universal a la ciudadanía. El historiador, Gonzalo Pedro Sánchez Eguren, avanza en la conferencia titulada ‘Y don Benito llegó a La Montaña’ que ofrece el día 13 de febrero, en la Casa-Museo Pérez Galdós, a las 19:00 horas, la relación que Benito Pérez Galdós mantuvo con Santander, región no dejó de visitar durante 46 años de forma ininterrumpida.

Benito Pérez Galdós llega a Santander en 1871 y establece, en la capital cántabra, su segunda residencia. Se podría decir, entonces, que Galdós se enamora de esa tierra.

Gonzalo Pedro Sánchez Eguren. Efectivamente, yo creo que desde su primera visita se debió quedar absolutamente ensimismado con Santander. Porque, pienso  que él, después de sus años en Madrid, tal vez no tuvo mucho contacto con el mar y el ambiente marinero y, al llegar a La Montaña, recuperó esos años de la infancia y adolescencia en Las Palmas de Gran Canaria. Yo creo que eso influyó para que él eligiera Santander como su segunda residencia.

Los que conocieron al autor de ‘Nazarín’ destacan que a él le gustaba más escuchar que hablar, que tomaba notas del habla popular que luego usaba en sus obras. ¿Qué impronta montañesa dejó Galdós en sus textos?

G.P.S.E. Mucha, el léxico montañés se refleja en muchos de sus libros, en sus novelas, incluidos los ‘Episodios Nacionales’. Date cuenta, que una de las personas clave que conoce Galdós cuando llega a Santander es José María de Pereda, otro gran literato, y será él quien lo lleve por muchos rincones de la comunidad autónoma y don Benito lo aprovechará para su producción literaria. Lo vemos en los paisajes, el vocabulario. Por ejemplo, él utilizaba mucho la palabra ‘flanear’, que es un galicisimo y cuando la usa se refiere a vagar por las calles, ir por los barrios y escuchar a las personas.

El escritor comienza a residir regularmente en el palacete de San Quintín en el año 1893, cuando finalizan las obras de la finca, un proyecto personal del propio Benito Pérez Galdós. Se intentó, sin éxito, convertirlo en museo, ¿qué sucedió?

G.P.S.E. Lo de la finca de San Quintín es la parte más negra de toda esta historia. Cuando él fallece, en enero de 1920, su hija María, heredera universal de su patrimonio, intenta llegar a un acuerdo razonable con el Ayuntamiento de Santander para que esa casa se pudiese, efectivamente, destinar a museo. Los hermanos Álvarez Quintero fueron algunas de las personas que, con mayor interés, lucharon para que eso sucediera, porque estamos hablando de un patrimonio extraordinario. Cuando estalla la guerra civil, se olvida ese proyecto y  finalmente San Quintín la adquieren unos particulares. Éstos lo que hacen es transformar la casa absolutamente, no tiene nada que ver con el diseño original. La finca existe y lo único que se conserva es la placa de azulejos de la entrada, que pone San Quintín. Ese es el único vestigio original  que se conserva de la residencia de Galdós. Una lástima.

¿Qué ocurrió con el patrimonio?

G.P.S.E. Afortunadamente no se perdió,  porque  la Casa-Museo Pérez Galdós lo recuperó. Los avatares por lo que hubo que pasar para que toda esa riqueza patrimonial llegase al Cabildo de Gran Canaria fueron enormes. En su casa de Santander, Galdós tenía una biblioteca extraordinaria y los manuscritos originales de sus obras, o toda la relación epistolar que mantuvo con su último gran amor Teodosia Gandarias. Todo ello se conserva en la Casa-Museo Pérez Galdós.

En su charla ‘Y don Benito llegó a La Montaña’ usted rinde homenaje a Benito Madariaga, cronista oficial de la ciudad de Santander.

G.P.S.E. Sí, Benito Madariaga es un galdosiano de honor y el que más ha escrito sobre el Benito montañés. Él cuenta muy bien en una publicación llamada ‘Galdós en la hogera’ el cainismo político que sufrió Galdós. Yo si creo que el escritor contó con el apoyo general de la gente. Pero sí hubo un sector, vinculado a la iglesia, los más conservadores, que evitó que Galdós obtuviera el premio Nobel. Es increíble cómo un país pudo actuar de esa manera. Cuando fue propuesto para su candidatura al prestigioso galardón, la academia sueca recibió cientos de cartas desde España pidiendo que no concedieran el Nobel a un anticlerical, a un republicano. Y bueno, al final lo consiguieron, esa es una historia muy triste, muy triste.

Foto: Promocional (El historiador Gonzalo Pedro Sánchez Eguren).