Qué manía tiene cierta parte de la factoría hollywoodiense de revolcarnos en el imaginería de juventud de los 80 y de los 90. Esto ocurre en la nueva entrega de Sonic que está financiada por la productora Paramount Network con Sega –la factoría de videojuegos que competía con Nintendo en los años 90 para hacerse con el negocio-. Sin embargo, esta película es un telefilme de segunda que no llega a convencer ni a propios fans del videojuego ni si quiera a ajenos a los pixels lúdicos a los que nos referimos.

Una película plana, sin perfiles de personajes interesantes, con un protagonista falso como su propia tecnología y visión, un montaje sencillo y, para colmo ¡qué ya es decir! algo fallida en algunas escenas grabadas con problemas a la hora de colocar la cámara. La dirección de Jeff Fowler no es que se diga ni mucho menos genial y puede calificarse como un trabajo relativamente común y «moliente». James Marsden, en el papel de un policía de un pueblito de campo estadounidense pero que con formación para servir en la gran ciudad,  hace un trabajo bastante plano. Bastante amable. Sin nada más que dramas simplones.

Sonic es un personaje bastante vacío. Nos cuentan su origen en su paradisiaca y casi abandonada isla y su necesidad de esconderse así como su soledad. Sin embargo, falta calado y se queda con la tecnología. Es un solitario que lucha por la compañía de una pareja interracial. Hasta ahí todo su drama. Vacío. Hueco.

Se puede pensar que es una película infantil. Que el target es sólo de niños. Pero ni si quiera. Me resisto a pensar que los niños que superen los 5 años tienen algo que llevarse a la boca con este nuevo film. Sólo ahondar un pelín en ciertos recovecos y esta obra se cae como un absoluto castillo de naipes.

Además, es que Sonic no nos muestra nada nuevo. Todo está perfectamente plasmado en precedentes películas. Esa mezcla de videojuegos, cómics y superhéroes ya han comido el camino que pretende esta película que sería hasta aburrida para una siesta de domingo por la tarde. Nada nuevo, nada.

Capítulo aparte merece su antagonista:

En Sonic encontramos a un malo absoluto: Jim Carrey. Lejos quedó aquel Carrey que quería embadurnarse en un trabajo bien hecho como logró en Man on the moon, basada en la vida del humorista Andy Kaufman, o por ejemplo en El Show de Truman. Pero, para más inri, ni si quiera llegamos a encontrar al Carrey que era fresco dentro de las comedias intrascendentes como por ejemplo La Máscara o Ace Ventura. Jim Carrey interpreta a un loco maniaco al que el gobierno de los Estados Unidos le da el poder absoluto para perseguir a la amenaza que está encarnada por el protagonista: Sonic. Nada más, no sabemos realmente cómo es este malo. Una persona ilustrada pero obseso con la tecnología. No hay calado en su labor. Una pena.

Hemos escuchado que Jim Carrey improvisa incluso el guion mientras actúa. Que se deja llevar por las sensaciones del momento, como si se tratase de Marlon Brando. Así le va. Hay momentos en donde se nota mucho este nivel de poca preparación. Y encima, hay momentos de lucimiento a lo “videoclip”.

Además, hay preparada una segunda parte a poco que –según se prevé- le vaya bien en la taquilla.

En fin, no queremos seguir ahondando en el dolor y en el aburrimiento que ha supuesto esta película.

Foto: Promocional.