Cardenal sube al cielo, a sus 95 años

Ayer quedó en silencio, a la edad de 95 años, una de las voces poéticas más originales y valientes de las letras hispanoamericanas. No sólo trascenderá como poeta y portavoz de la América Latina más deprimida. Entre sus logros en este ámbito hay que resaltar que obtuvo el premio Príncipe de Asturias y fue candidato firme al Nobel de Literatura, siendo reconocido como el autor referencial más importante en lengua castellana cuando murió el insigne uruguayo, igualmente inolvidable, Mario Benedetti.

Su importante legado nos hará recordarlo también como sacerdote católico activo de aquel movimiento de la Teología de la Liberación que proliferó en Sudamérica, despreciado y represaliado por el Papa Juan Pablo II y más tarde reconciliado por su actual sucesor Francisco I. La humillación pública de la que fue objeto en el aeropuerto de Managua cuando Juan Pablo lo obligó a arrodillarse dio la vuelta al mundo. Cuando le acompañamos en gira por Canarias y la Península en 2009, nos contó en confidencia que le dijo: «Sepa usted que me arrodillo como ministro de Cultura, no como hombre y sacerdote».

También fue escultor y político, al lado de la guerrilla sandinista que derrotó la dictadura de Somoza en Nicaragua. Todo un portento, un ser extraordinario… Que ahora brille para siempre su estrella en ese cielo que imaginó, escribió y nos compartió como un canto cósmico inquietante y revelador, reflexivo y existencialista. No le gustaba la música (nos confesó), pero nos felicitó cariñosamente por la que le pusimos a sus versos y geniales epigramas (con Caco Senante, Claudio Briones y Leiko Krahe) y por los versos que le dedicó Fernando Senante evocando precisamente a su personal universo. Tenía un apetito impropio de su edad cuando recorrimos juntos aquellos escenarios. Inolvidables algunos recitales, sobre todo -desde el punto de vista plástico- el del Planetario de la Ciudad de las Ciencias de Valencia. Inolvidable también la botella de ron «Flor de Caña», de su país, que me regaló al terminar su gira (hizo recorrer medio Madrid en su busca a su servicial acompañante, Bosco, que no era otro que el jefe de la guerrilla sandinista de Nicaragua).

¡Feliz viaje, Cardenal! Celebro, de verdad, la suerte y el privilegio de haberte conocido tan de cerca. Te guardo celosamente en un trocito de mi corazón. Que tengas el mejor de los viajes. Ahora podrás disfrutar de ese cielo tan tuyo.

Texto: Rubén Díaz.

Foto: Promocional.