El pianista balear Marco Mezquida no deja de trabajar. En ocasiones, lo imaginamos con una agenda gigante, apuntando grandes ítems y eventos a realizar. Lo cierto es que esta completa agenda ha sido muy fructífera para los amantes del jazz y estos días se ve forzada a borrarse por la alarma que estamos todos viviendo. Fuera como fuese, Marco ya tiene en su haber 60 grabaciones –o más-, de las cuáles 18 son discos propios. En esta larga entrevista repasamos muchos factores y particularidades de su día a día y carrera musical. Por ejemplo, vamos a referirnos a la nueva edición de Clasijazz y de la Fundación Valparaíso que han grabado con un cuarteto mágico. Marco aporta el piano, Ramón Prats la batería, Bori Albero el contrabajo y el mágico Lee Konitz –genio y figura- su saxo. No se pierdan este Lee Konitz en la Fundación Valparaíso que merece la pena.

Lee Konitz, nacido en el mes de octubre del año 1927 (92 años), está ya considerado como una de las leyendas del género habiendo colaborado con músicos de la talla de Miles Davis, Gil Evans, Dave Brubeck, Ornette Coleman o Charles Mingus. Fue miembro de la banda del álbum Birth of the Cool. Por otra parte, ¿Quién no recuerda su genial Subconscious Lee?

De lo divino y de lo humano, hemos hablado con Mezquida. Incluso, hemos tenido tiempo a aludir al efecto que tiene la actual crisis del coronavirus a los músicos y trabajadores de la música ¡Ojo al dato! También nos adelanta que su próximo disco se va a llamar Talismán ¡Y nosotros todos que lo disfrutemos!

– Marco Mezquida, ¿Cómo empezó su trayectoria en la música? ¿Se acuerda de aquellas pequeñas cosas que le atrajo del piano?

– Marco Mezquida : Empecé a jugar con la música tocando tecladitos y percusiones cuando tenía tres o cuatro años, en Menorca. A partir de los siete me apuntaron a la escuela municipal de música de Mahón, donde empecé a estudiar piano. Mis padres y los profesores vieron que desde jovencito tenía mucha facilidad con la música, con los ritmos y para sacar melodías de la radio. Tengo grabaciones mías, con tres años, emulando los cantos y las percusiones de la procesión de semana santa y mis padres ya vieron que tenía música en las venas. Y eso que yo soy el único músico de la familia.

De pequeño, me sedujo mucho ver a algunos profesores tocar y acompañarnos a los chicos y chicas de la clase las canciones populares que cantábamos. Esa soltura y esa alegría que se producía en la música y el espíritu de comunidad, supongo, me atrajeron muchísimo.

– Su discografía es casi ya titánica… tiene usted varias publicaciones por año ¿Cree importante seguir dejando muestra de su trabajo con respecto a las grabaciones cuidadas y en discos físicos o digitales?

– Marco Mezquida : En mi opinión, grabar es una necesidad. Dejar constancia de mi actividad creativa, a la vez que también es el resultado de mi colaboración con otros artistas. Formo parte de muchos grupos muy diversos. Son ya más de 60 grabaciones, de las cuales de 18 son discos propios, formados por composiciones e improvisaciones propias. Es una forma de aprendizaje, un sentimiento curioso de trascendencia, porque aunque lo que me gusta más es la verdad de la música en los directos, el cd es lo que perdurará más en el tiempo. Por eso cada vez soy más exigente a la hora de grabar.

Son ya más de 60 grabaciones, de las cuales de 18 son discos propios, formados por composiciones e improvisaciones propias. Es una forma de aprendizaje, un sentimiento curioso de trascendencia, porque aunque lo que me gusta más es la verdad de la música en los directos, el cd es lo que perdurará más en el tiempo. Por eso cada vez soy más exigente a la hora de grabar.

– Nos ha llegado un disco grabado a cuarteto con una formación de lujo, Ramón Prats, a la batería, Bori Albero, al contrabajo y Lee Konitz al saxo,  Lee Konitz en la Fundación Valparaíso  ¿Qué recuerda de las sesiones de grabación?

– Marco Mezquida: Fueron dos días de 2018 y era nuestro quinto encuentro con el maestro Lee Konitz. El primer encuentro fue en Almería gracias a Pablo Mazuecos (Clasijazz) y también fue gracias a Pablo la propuesta de grabar un disco a cuarteto.

Pablo Mazuecos es un gran defensor de la cultura y catalizador de la música en Almería, ciudad a la que hemos viajado tantos músicos nacionales e internacionales para tocar en su sala/auditorio, Clasijazz. Uno de los sueños de Pablo era traer a Brad Mehldau y lo consiguió, entre otros muchos artistas. Otro de esos grandes artistas era Lee. Y Lee, a sus 87 años por aquel entonces, vino, maleta en mano y saxo alto en otra, él solo, y disfrutamos mucho de ese primer concierto con el cuarteto que Pablo había propuesto, junto a Bori Albero al Contrabajo, Ramón Prats a la batería y yo mismo al piano. Nunca habíamos tocado juntos con el legendario saxofonista y no decidimos ningún repertorio, simplemente, y como buenos jazzistas, salimos al escenario ante la plana mayor del jazz nacional sin saber qué tocaríamos. El maestro empezaba a tocar una melodía y a variarla y teníamos que saber qué standard era para poder acompañarlo. Y así fue, ¡Durante dos pases!

Fue una de las noches más emocionantes de nuestras vidas. Excitante, escuchar a medio metro ese sonido bello y sofisticado, a ese hombre frágil a punto de llegar a los 90 sentado y jugando como un niño a nuestro lado. Era muy exigente a la vez, y cuando volví al hotel y puse un video de youtube suyo del 61 tocando junto a Bill Evans, no pude evitar sentir algo muy profundo. Lágrimas de emoción de estar allí, esa noche, casi sesenta años más tarde.

Lee disfrutó porque sintió el respeto y la conversación musical de los cuatro. Compartimos mucho amor e interplay, interacción, y vio que no éramos unos “niñatos”. Y todos disfrutamos , el abuelo aceptó hacer algunos conciertos más con nosotros. Meses más tarde, en Barcelona, en Málaga, etcétera. Y lo último fue pasar dos días en Valparaíso para grabar unas improvisaciones libres y unos estándares. Y este disco es el resultado.

– Cuando a uno lo llaman para tocar con un músico como Lee Konitz que tiene el nombre y apellido tan asentado en la Historia del jazz ¿Qué se le pasa por la cabeza? ¿Cuál fue su reacción?

– Marco Mezquida: Sentí alegría y emoción a la vez que agradecimiento a Pablo por confiar en mí y hacernos ese regalo. Pero también sentí responsabilidad y vértigo por querer estar a la altura de ese acontecimiento. Hace tiempo que intento no idolatrar a nadie y conectar al máximo con las personas que tengo delante, con respeto, alegría y deseo de llegar a buen puerto. Esto siempre lo intento, ya sea con un alumno o trabajando y creando junto a uno de los grandes poetas del jazz de la historia como es Lee. También quitarle trascendencia a todo. Estaba el hombre a sus casi 90 años en un lugar remoto de Andalucía grabando con tres “tipos” de los que no se acordaba ni del nombre. Pero fue hermoso porque no importan los nombres ni importa la geografía ni importa la edad ni importa el currículum ni nada… en ese momento no importa nada más que la música. Nadie pensaba, “¡Oh, ese señor tocó con Miles!”

Nadie pensaba, “¡Oh, ese señor tocó con Miles!”

Eso sería idolatrar pero yo no pensaba en eso, yo sabía que se trataba de sentarse a tocar, a jugar de tú a tú, a escuchar y expresarse con el mejor de los deseos. Y después de hacer el trabajo, pues bromas, entablar y pasar buen rato. Pero claro, ¡El tenía anécdotas desde hacía 80 años! (risas).

Canción a quemarropa estuvo en una de las visitas de Konitz a Almería

– ¿Conocía el trabajo de Konitz de antes? ¿Cuál es su parte favorita?

– Marco Mezquida: Conocía bastantes CDs de su producción de los años 50 y 60, sus colaboraciones y sus diferentes proyectos, su devoción por ciertos estándares que sabía que querría grabar. En realidad, eso es lo más hermoso del jazz; puedes volver una y otra vez a tocar All the things you are, y el verdadero poeta, como el maestro Lee, siempre dibuja frases bellas y nuevas, poéticas. Siempre buscando nuevos caminos para exprimir su gran sensibilidad y arte de la melodía. Toda su personalidad está en cada una de esas frases.

– ¿Nos podría confiar quién eligió el repertorio?

– Marco Mezquida: Fue entre todos, entre los cuatro. Fue como estar entre colegas que dicen “qué tocamos” “¿esto?” “¡Vale, vamos!”. Y fuimos proponiendo alguna canción y el abuelo decía “OK” y la tocábamos. O al revés, él proponía Body and Soul y nosotros decíamos, ¡Vale!

Raramente hacíamos dos versiones del mismo tema. Era como antinatural intentar volver a caminar por el mismo lugar.

El batería Ramón Prats hace unpacking del nuevo disco:

– ¿Tuvo conversaciones amplias con Konitz o se trata de una persona retraída?

– Marco Mezquida: La verdad es que era una persona que cuando estaba de buen humor y estaba lúcida y comunicativa, tenía un humor genial. Muy «judío», un tanto ‘Woodyallenesco’, afilado, ácido, fuera lo que fuera, sobre mujeres a situaciones graciosas que pasaran. La verdad es que nos reímos mucho en las cenas de cada concierto y durante los días de grabación. Pero como es lógico, tratándose de una persona tan mayor, sola, a tantos kilómetros de su casa, y con ciertos achaques y manías de abuelo (por ejemplo cuando se le estropeaba algo del saxo, o cuando no le sonaba como quería) pues le salía un malhumor también lógico y entendible.

Su manera de decir “joder” era genial, «fuck, fuck», repetía. También me río mucho cuando pienso en los momentos de final de la cena, cuando pedía doble ración de helado, y estábamos con él hablando de historias de Bill Evans o de Coltrane o de quien fuera. Él se comía un helado como un niño pequeño. Y la frase que dijo al acabar de grabar el disco fue demoledora, pero genial: estábamos escuchando ya las tomas del disco, y todo sonaba bonito y se notaba que, pese a que no éramos ni Mehldau, ni Charlie Haden, ni Paul Motian, a Lee le gustaba lo que sonaba porque no se levantó de la silla.

Y al levantarse de la silla, con una sonrisa socarrona, nos miró y nos dijo “Well, we have recorded a Cd that won’t change the History of Music and I haven’t been payed yet” que viene a decir: “bueno, hemos grabado un disco que no va a cambiar la historia de la música, y aún no me han pagado”.

– El disco ha sido coproducido por Fundación Valparaíso y Clasijazz ¿Cómo ve que estas instituciones privadas aporten dinero, tiempo y esfuerzo para editar material como éste?

– Marco Mezquida: Básicamente el disco es una producción de Valparaíso y Clasijazz, y no hubiese existido nunca este cd si no fuese por ellos. No es barato cualquier parte del proceso creativo de un CD y menos contando con una persona que es una reconocida estrella del jazz como Lee Konitz.

– Al respecto de clubes y espacios, la noticia de cierres es una triste realidad diaria, el goteo es constante. Sin embargo, Clasijazz parece tener una salud de hierro ¿Qué sensaciones tiene con respecto a un club de éstas características?

– Marco Mezquida: Es una realidad que el mundo de la música en directo y los clubs pequeños, como los pequeños negocios, tienden a desaparecer por no ser rentables o a ser fagocitados por otros negocios que sí lo son. Necesitamos al público, que tenga curiosidad por descubrir y por salir de sus casas a “consumir” cultura en directo y obvio, necesitamos ayudas para poder desarrollarnos.

Pero lo del Clasijazz es una historia concreta y especial, ojalá se repitiera más a menudo. Todo depende del empeño y la energía de cada uno en la vida. De las ilusiones y como uno resurge de las frustraciones. El Clasijazz ha demostrado, gracias a Pablo y a la familia y los socios, que se puede crear algo único, maravilloso, colosal, con esfuerzo, ilusión, constancia, inversión, perseverancia, y un largo etcétera. No había precedente, creo, en la pequeña y poco cultural ciudad de Almería.

Ni siquiera en un club de Barcelona o de Madrid hoy en día, podría pensar que artistas internacionales y estrellas como Brad Mehldau o tantos otros, actuasen en su pequeño aforo, y es más, se fuesen maravillados de Almería, del Clasijazz y todo lo relacionado con esa bella familia. No se trata de dinero, porque no se trata en absoluto de una familia “de magnates adinerada y caprichosa”. Se trata de gente humilde que trabaja día y noche por un proyecto muy especial, y pasan los años y siguen aportando mucha más energía, esfuerzo, inversión, ideas y alegría de la que parece.

Y por eso sus logros han sido mucho mayores y significativos que cualquier otro club o incluso festival del país. Y un detalle muy importante, ha creado una concienciación y un público. Eso pasa también en otros pocos lugares del país, como en Bilbao, gracias a la Bilbaína de Gorka Reino y Tato Gracia, o en Miranda de Ebro y el Mirajazz. Pero es cosa que a duras penas sucede en otros lugares aunque tengan más dinero y público potencial. Pero eso es el futuro, y poco a poco me alegro de que pase más en más lugares, como en Canarias, en más lugares de Cataluña, Euskadi, Madrid, Andalucía, etcétera pequeñas asociaciones, bares, clubes que hacen esfuerzos para programar pequeños ciclos, concierto. Eso no ocurriría si tuviésemos que esperar a que el Ayuntamiento lo hiciese. Son gente de a pie, a veces algunos músicos o gente diversa la que crea estas iniciativas que enriquecen culturalmente la ciudad.

– Hay quienes afirman que el formato a cuarteto tiene una magia especial, como si estuviera toda la gama musical presente ¿Tiene las mismas sensaciones? ¿Prefiere este formato o quizás algunos más amplios o más recortados?

– Marco Mezquida: No me importan tanto los formatos como las personas. El número tres o cuatro no me dice nada especial porque todo depende de las personas, los artistas, que se encuentran y la afinidad que tienen. Una Big Bang puede ser un rollo y un trío puede estar más vivo. Pero un trío con poca personalidad puede hacerse eterno.

Normalmente, me gustan mucho más las formaciones pequeñas que las grandes (obviamente con excepciones). Veo más la sinceridad y la personalidad de los músicos individualmente que se funde con la de los demás y se crean los diálogos. En las formaciones grandes muchas veces hay una mente pensante, el compositor o el arreglista, y todo tiende a estar mucho más pautado, estructurado, más estándar de alguna manera, y muchas veces no me provoca tanto interés porque veo que los músicos a veces están menos potenciados. Encima, muchas veces están a merced de esas mentes pensantes que son demasiado pretensiosos compositivamente hablando. En vez de ser más minimalistas, son a veces demasiado densos

– ¿Qué tal han sido sus recientes viajes a Canarias, hasta cuando recordamos estuvo con Silvia Pérez Cruz y con Chicuelo? ¿Cuáles son sus sensaciones cuando viene a las islas y con respecto a estos conciertos?

– Marco Mezquida: Mis últimos viajes a Canarias han sido fabulosos. Hasta hace dos años no había viajado nunca a las Islas, y gracias al buen vínculo que hemos establecido con el Alfredo Kraus y en Lanzarote especialmente, he tenido el gusto de poder ofrecer mis proyectos allí junto a Silvia, Chicuelo, los Sueños de Ravel, mis conciertos a piano solo, etcétera. Me encanta ir a las Canarias y espero en los próximos años seguir haciéndolo. El público es maravilloso y siempre he recibido muchísimo cariño.

– No hay dos sin tres fue el disco con el guitarrista Chicuelo ¿Cómo ha ido en la gira y en la recepción por parte del público del disco?

– Marco Mezquida: No hay dos sin tres es nuestro segundo disco juntos, después del éxito de Conexión. Junto a Chicuelo hemos creado dos discos de repertorio propio, con un sonido personal y único en el país.

Creo que es una propuesta muy potente y musical donde las personalidades de cada uno del trío están muy presentes y nos sentimos muy bien avenidos en esta familia. También agradecidos de la acogida que ha tenido nuestro discos y directos.

Recientemente nos han dado el premio Ciudad de Barcelona de la Música, que es uno de los honores más grandes que se pueden recibir en Cataluña.

– Todo el mundo está alarmado con respecto al Coronavirus ¿Cómo le ha afectado concretamente? Suponemos que ha sido de los que ha tenido que posponer o anular algunas fechas…

– Marco Mezquida: Efectivamente, debido a este parón tan extraordinario y este estado de alarma en todo el mundo, hemos tenido que cancelar, o mejor dicho, nos han cancelado o aplazado toda la agenda de conciertos hasta mediados de abril. Ya veremos cómo evoluciona. Será una hecatombe para tanta gente en general, una nueva crisis, y sin duda, un nuevo revés, tremendo, para el mundo de las artes escénicas.

Personalmente, estas diversas cancelaciones suponen una lástima porque entre ellas tenía el 25 de marzo la presentación de mi nuevo proyecto Beethoven collage en el auditorio nacional de Madrid. A principios de abril teníamos junto a Chicuelo tres conciertos en el festival de flamenco de Nueva York ¡Qué le vamos hacer! Ahora toca estar en casa, seguir componiendo y trabajando en el próximo disco que voy a presentar en otoño junto al trío con el que grabé Ravel’s Dreams. Ya lo hemos grabado y se titulará “Talisman”, formado por mis últimas 12 canciones.

– ¿Cree que los músicos están desasistidos con respecto a la seguridad de un sueldo? ¿Se podría reivindicar del gobierno algún tipo de ayuda?

– Marco Mezquida: Los músicos, pero creo que nos podemos referir a los artistas en general, y más aún, los autónomos, estamos desasistidos, y no cambian las cosas por ahora. Esperemos que pase en el futuro. Para empezar que se respete y valore, y a la vez, que nos unamos para sindicalmente luchar y defender nuestros derechos y no pisarnos los unos a los otros en nuestro colectivo tan delicado y maltratado.

Cierran locales por absurdas denuncias de un solo vecino. Siempre estamos en el filo, y es indecente la poca inversión en cultura por habitante respecto a otros países. Y un país sin una cultura viva no está tan vivo. Necesitamos cuidar los pequeños teatros, pequeñas salas, clubes, bares, y no solo que se potencien los grandes festivales y grandes y multitudinarios actos.

– Gracias por su tiempo. Si quiere dirigirse a nuestros lectores para darles un saludo o añadir algo más, ahora es el momento.

– Marco Mezquida: No dejéis de ir a conciertos y a todos los actos que den vida a cada una de vuestras ciudades. Siempre que uno va a un concierto a un teatro salen más rico de espíritu, alimenta el alma, la mente y eso es vida. Mil horas de Netflix y Spotify no aportan tanto.

Foto: Manolo Rubio.