La ilustradora mexicana Daniela Ortiz, junto a su hermano Diego, obtuvo el primer premio al mejor álbum ilustrado de la última edición del concurso internacional que convoca el Cabildo. Junto a su hermano y autor del texto, Diego, es la creadora de la fábula surrealista ‘La mano del Sr. Echegaray’, un título con el que ambos refunden el prodigio evocador del realismo mágico proveniente de la literatura sudamericana con la resaca convencional del realismo europeo. La creadora, que reside en Montreal (Canadá) y actualmente trabaja como asistente de investigación en Elastic Spaces, un laboratorio de investigación canadiense enfocado a la creación de ambientes inmersivos, era la primera vez que colaboraba en un proyecto con su hermano escritor y ensayista, que vive en Berlín.

Ella se responsabilizó de las ilustraciones y él del texto del título que ahora publicará la editorial catalana A Buen Paso que dirige la italiana Arianna Squilloni, con la que la Biblioteca Insular impulsa este concurso que les otorga, además, la cantidad de once mil euros.

Escenas cotidianas

Daniela Ortiz señala que una propiedad caracteriza su trabajo. “Por una razón u otra acaba siempre contemplando elementos surrealistas y algo de humor sutil. Por ello ‘La mano del Sr. Echegaray’ puede decirse que se trata de una historia un poco surrealista, de una gran aventura que lleva a un reencuentro peculiar. Mi premisa en este título fue trabajarla como una historia completamente normal, como si las cosas que ocurrían en ella fueran cosa de todos los días, y pensando que los destinatarios la leerían como tal. Así que, a pesar de la existencia de elementos más surreales en las imágenes, casi todas están ancladas en escenas cotidianas”, agrega Ortiz.

La artista visual, que reconoce que se ha sentido atraída por la propuesta estética de ilustradores como Tomi Ungerer, Tove Jansson, Bill Watterson y Quino, “que, aunque son más de historieta gráfica, han tenido una gran influencia en mí”, sostiene que el resurgimiento experimentado en las últimas décadas por el álbum ilustrado infantil “se debe a varias circunstancias. Por un lado, a que se dejó de ver la imagen como medio de comunicación exclusiva para niños y niñas y, por otro lado, se comprendió que los jóvenes también son capaces de acercarse a historias y propuestas más complejas, dando paso a una combinación interesante tanto para dichas generaciones como para adultos, sin importar el género. Asimismo, surgieron nuevas editoriales interesadas en este tipo de propuestas que apostaron por este segmento y nicho del mercado editorial. A vez, quizás sea también destacable que el consumidor principal de este tipo de libros proviene de una generación ligada con una cultura visual mucho más importante que las precedentes, y esté dispuesta y decidida a invertir en este tipo de producto tanto para su consumo propio como para el de sus hijos”.

Sin embargo, Daniela Ortiz considera que el precio de mercado de muchos de estos productos ilustrados no es competitivo.  “El consumidor tiene que estar dispuesto a pagar el costo de producción que involucra la impresión de un álbum ilustrado que las apps y los libros digitales no tienen”, dice. “El reto es que esas generaciones nativamente digitales crezcan y se vuelvan consumidoras, pero que también valoren la necesidad de sentir el placer de mantener y manejar un libro en sus manos. Esto, claro, implica consolidar la educación de la que nace dicha valoración, no sólo del libro físico sino también de la imagen fija, en oposición a la animación e interactividad constante a la que están expuestas y sometidas las nuevas generaciones”.

Según la artista mexicana “es muy emocionante ver cómo se ha revalorizado el papel de la ilustración en Hispanoamérica y cómo se han abierto espacios para su expresión. Siendo culturas con una increíble tradición visual ha sido fantástico ver que se valora el talento y la producción local. Aunque por supuesto todavía quedan por desarrollar políticas de apoyo (sobre todo hablo de México que es el país que conozco más) para su crecimiento, producción y difusión”.

Ortiz concluye resaltando que el trabajo conjunto con su hermano en el álbum ‘La mano del Sr. Echegaray’ fue muy intenso y flexible. “Nuestro sentido del humor y la estética ha sido siempre muy similar. La idea de la historia cada uno las trabajó dentro de su campo de acción. Con el texto de Diego echó a andar el proyecto, y mis imágenes fueron surgiendo en respuesta a dicho texto. Hubo detalles que yo imaginé cuando leí el texto que Diego luego incluyó en la historia”. En definitiva, cuatro manos que se sumaron a la del Sr. Echegaray para concluir esta reflexión sobre la desolación y el reencuentro.

Foto: Promocional.
Texto: Cabildo Insular de Gran Canaria.