Extraordinaria cita en el Teatro Leal de La Laguna en el marco del Festival Internacional Canarias Jazz & Más con el concierto de Atom String Quartet. Pasaban unos minutos de las ocho y media de la noche y los polacos se aproximaban al escenario lagunero con la intención de emocionar al público a base de su espectáculo basado en cuerdas, es decir, formación de dos violines, viola y violonchelo. Y lo consiguieron.

Atom String Quartet es un combinado compuesto por Dawid Lubowicz (violín), Mateusz Smoczyński (violín), Michał Zaborski (viola) y Krzysztof Lenczowski (violonchelo). El grupo de Varsovia fue poco a poco metiéndose el público en el bolsillo con un set list basado en composiciones propias pero también en el rescate de algunas canciones cumbre de compositores mayoritariamente polacos. De esa manera comenzaron con canciones como Medium.

El concierto fluía de manera correcta pero no se trataba de una actuación ni mucho menos lineal. Atom String Quartet apasionaron con un viaje lleno de valles y de picos, de momentos complicados y especialmente espesos para oídos no entrenados. De esa manera, el concierto fue una verdadera atmósfera de diferentes mundos y lugares. El juego tenía que ver con que exponían la canción y después iban intercalando solos, en ocasiones con el arco y en otras con los dedos, transformando un violín en una pequeña guitarra.

El momento en el que esta situación se notó de manera particular fue cuando desempolvaron su tributo a uno de los compositores polacos más reconocidos, el recientemente fallecido Krzysztof Penderecki. De Penderecki, Atom String Quartet tiene un disco entero y entresacaron dos piezas a cual más particular. En alguna ocasión nos dio la sensación de que se trataba de canciones verdaderamente viscerales y duras. Con una intensidad brutal, exploraban en lo más oscuro del alma. También podríamos definirlo como música contemporánea y experimental. En algunos de los momentos del tema dejaban de tañer las cuerdas con el arco y golpeaban cual percusión algunos otros elementos como la silla o el atril en donde tenían depositada la partitura.

Y así iba transcurriendo el concierto, compaginando su hacer personal, sus composiciones propias con música de otros. En este último apartado también fue destacable la versión que proporcionaron de la banda sonora original del film “La semilla del diablo”, en inglés Rosemary’s Baby. La pieza, compuesta por el también polaco Krzysztof Komeda fue expuesta de manera delicada y ruda cuando ello era de menester. Interesante lectura que nos queda de una de las canciones más interesantes de las bandas sonoras de películas realizadas por el polémico director Roman Polansky.

 

En un momento muy particular y encarando prácticamente el final del concierto, Mateusz Smoczyński preguntó al público qué era lo más conocido de su país y, efectivamente, venía el momento de rendirle tributo al gran maestro: Chopín. La “mazurka” del genio sonó realmente redonda, prístina y diría que enamoradiza. Toque romántico para una velada única. Con ella casi hacían mutis por el foro, sin embargo, todavía había tiempo para regalar al respetable un reclamado bis con una canción propia y con nombre de una ciudad polaca verdaderamente destacable. La ovación antes y después del bis dejaba constancia del respeto de la platea por la música desplegada por los cuatro. Fue una pena comprobar que hubo algún sitio vacío en el teatro –aún en tiempos de covid19-. El concierto fue un lujo que todo músico de la isla tenía que haber aprovechado.

En definitiva, extraordinaria velada sobre todo para los amantes de la música de cámara y cuerda contemporánea pero en algunos casos rica en improvisación. Interesante manera de acercarse al quehacer de la música polaca y de intérpretes jóvenes que llevan su arte a una impresionante cota.

Foto: Sabrina Ceballos.