El madrileño Coque Malla ofreció un recital que consiguió encandilar al público con esa aparente sencillez a la hora de interpretar sus canciones, en una noche que abrió el almeriense Antonio Álvarez

Dicen que los logros que se alcanzan con más esfuerzo son los más gratificantes. Que las satisfacciones en los momentos más duros tienen un sabor especial. Por eso los conciertos de ciclo Cooltural Go!, la adaptación de Cooltural Fest para este verano atípico, organizado por Crash Music y el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería, tiene un matiz especial. Disfrutados con todas las garantías sanitarias exigidas y con la responsabilidad del público, los conciertos tienen un componente emocional y directo que hacen que se multipliquen las emociones que logra transmitir la música en vivo, como ayer hicieron Coque Malla y Antonio Álvarez.

Y el caso de Coque Malla también bebe de las mismas raíces. Porque su triunfo, el reconocimiento popular a su trayectoria en solitario, ha sido un trabajo arduo, lleno de sinsabores, pero también de fe y creencia en lo que ha estado proponiendo disco a disco desde que se cerrara la puerta de Los Ronaldos. No es el único que tuvo que pasar por ese proceso, el de hacer entender su propuesta solista. Bunbury, Iván Ferreiro, Mikel Erentxun… los nombres de las bandas anteriores tienen un peso tan incuestionable como, en los inicios, incómodo. Pero anoche fue la enésima prueba de que la constancia tiene, a veces, resultados positivos.

De constancia también sabe mucho Antonio Álvarez, encargado de abrir la nueva sesión de Cooltural Fest en el Recinto de Conciertos del Ferial. El artista almeriense, nacido en Pechina, inició su carrera “un 16 de agosto de 1986”, como recordó ayer y, por el camino, numerosas formaciones, músicos con los que ha compartido escenario y muchas vivencias recogidas con encanto en unas canciones que, ante todo, reflejan la humanidad del día a día.

Con la ilusión de quien empieza, Álvarez trasladó sus canciones de quien vive la vida con sorpresa ante hechos desconocidos, como en ‘De Repente’, con la ilusión de ‘Una Puerta Abierta’, con el encanto de ‘Las Flores Amarillas’ o poniendo sabor y puentes al mundo entre lo local y lo universal como en ‘La Gran Dulce Alianza’.

Una suerte de mundo ‘Circular’, con acordes dylanianos y de pulsión rockera, como la energía de ‘Cada Día Al Despertar’ y la esperanza de un gran trayecto para ‘Aviones de Papel’. Aires arrancherados y el deseo de “que te vaya bonito, que encuentres tu sitio como yo lo encontré” mientras se despedía, agradecido, con el ‘Sol De Invierno’, cumpliendo a la perfección la siempre difícil tarea de preparar el ambiente para la estrella de la noche.

Coque Malla, la perfecta sencillez

La Gira Imposible es el título del tour con el que Coque Malla sale a los escenarios este verano marcado con la cicatriz del Covid-19. De ahí que su intro sea la Banda Sonora Original de Misión Imposible y el primer tema sea su fotograma situacional ‘El Crack Universal’, como un plano secuencia que se pregunta “dónde van las lágrimas”. Un inicio perfecto para situarnos ante la voz de un Coque que canta mejor que nunca, que toca la guitarra con más corazón que nunca, con David Lads a las teclas que osciló durante la velada con naturalidad entre la energía forte y la delicadeza del pianissimo, y, como ocurriera con El Kanka, con Raquel Rodríguez, Arymux, en la signodanza.

Con la referencia situacional realizada, Coque daría la clave en el segundo tema, con ese romanticismo sacado de una caja de cuerda, con ‘Sólo Queda Música’, encantadora y pulcra. Ahora sí, era el momento de dejarse arrastrar y volar, con un sonido de auténtico lujo, a través de una valiente ‘Un Lazo Rojo, Un Agujero’, donde Coque se atreve a rapear la parte que en su último disco de estudio, ‘¿Revolución?’, interpreta Kase.O. Con nota, por cierto.

Fue uno de los pocos momentos más liberadores de ritmo ya que el resto fue pura pasión, cercanía y acordes que se ceñían al cuerpo en su crudeza, a veces lija, otras, terciopelo. ‘Berlín’ sonó con la cadencia hipnótica conocida; ‘La Carta’, donde es imposible no recordar el recitado de Amparo Valle, adquirió una dimensión especial con la signodanza de Arymux hasta el punto de que hasta el propio Coque pareció disfrutar de su acompañamiento, para después continuar con “una canción cuyo sentido y título adquieren más sentido en este tiempo, una de mis favoritas”, ‘El Último Hombre En La Tierra’.

Todavía titilando su fulgor, difícil no sentir el ánimo insuflado con el espíritu de ‘Este Es El Momento’, banda sonora de ‘Campeones’ y que le valió el Goya a la mejor canción original. Transitando por varias texturas sonoras, siempre convence el tinte americana de ‘Cachorro de León’, de desarrollo complejo, casi lo contrario que el golpeó inmediato de ‘Guárdalo’, una de las dos únicas concesiones a Los Ronaldos en toda la noche. No hace falta más. “Su tiempo ya pasó y no supieron aprovecharlo”, bromeó Malla quien, añadió “pero seguro que a vosotros os gustan más la de ahora”, antes de interpretar “otra de mis favoritas”, también vinculada al cine desde su título, como ‘El Gran Viaje a Ninguna Parte’.

Se acercaba así el tramo final antes de los bises y el bloque arrancaría con la melodía vocal embaucadora de ‘Una Moneda’, para después unir dos canciones hermanadas por título y verso, ‘Hace Tiempo’ y ‘El Árbol’: “tienes cara de contenta y eres todo lo que yo andaba buscando” la primera, “hace tiempo que lo intento, ya llegó el momento de parar el tiempo”, arranca la segunda. La primera de las despedidas llegaría con la anhelante ‘La Señal’, premonitoria, porque Coque debía volver y volvió para regalar cuatro temas más.

La plegaria de ‘Santo, Santo’ fue el salmo que convocó a dos de las más esperadas de la noche, ‘No Puedo Vivir Sin Ti’, remozada ligeramente en su tonalidad, lo que refleja de alguna forma, como si hiciera falta, el dominio total de Coque sobre su obra, y el ejercicio funambulista y de oscuro azar de ‘Me Dejó Marchar’, siempre gélida, como la guadaña aunque pase de largo.

Y si ‘El Crack Universal’ es postal de estos días inciertos, también el anhelo de ‘Calma’ con esa estrofa que parece escrita de manera premonitoria, “gente peleando con el miedo, paciente y resistente. Viajando con la mente, deseando un momento diferente”. Y así, el público de Cooltural Fest se pudo ir en paz, con la Banda Sonora de ‘Indiana Jones y La Última Cruzada’, tras hora y media de magia sobre el escenario, conscientes de haber visto a un grande, que prometió volver “con toda la banda y todo el espectáculo que habíamos preparado antes de todo esto”. Se le espera.