Samuel Reina lanza Prohibido hacer fuego,  el disco más personal y transgresor de su carrera. Una colección de 12 temas crudos y arriesgados, producida durante el estado de alarma.

El LP, grabado únicamente con guitarras,  se aleja de los estribillos fáciles y de las letras sencillas y se acerca a la poesía dadaísta con numerosos simbolismos.

El diseño de Marina Cenacchi y las fotografías de Juanra Moreno Tacoronte completan una obra tan brutal como los tiempos que vivimos.

València, 3 de marzo. Un trabajo crudo- tanto como las imágenes que lo acompañan- hecho con materiales humildes y directos, con los que consigue una intimidad que no había logrado hasta ahora, así es “Prohibido hacer fuego”, el nuevo LP de Samuel Reina.

Es un disco autoproducido en el  que Reina muestra su lado más íntimo y oscuro a lo largo de los 12 temas que lo componen. y que en esta ocasión están en castellano, a diferencia de las canciones en inglés de sus inicios, cuando empezó a hacerse conocido en la escena musical. 

Sigue ahí esa voz grave, inconfundible, que se ha convertido en su sello, y la intensidad que escuchamos ya en sus trabajos anteriores  “Alarms» y «Simulacros de Naufragio».

“El disco lo he grabado en casa sin demasiadas preocupaciones técnicas. Todo cuanto suena corresponde a elementos reales, algunos de ellos manipulados, y todo generado con guitarras. Nadie, salvo yo y mis guitarras han intervenido en la producción. Eso te da una perspectiva peligrosa, pero estimulante”, explica el cantante.

Un disco rupturista de principio a fin porque se aleja del estribillo fácil, de la letra sencilla, se atreve a desafiar al escucha para indagar en las profundidades de la enfermedad llamada humanidad.

“Prohibido hacer fuego” se grabó durante la pandemia, en medio del encierro, que parecía surgido de una película de ciencia ficción y eso se refleja de principio a fin.

“Sin duda, siento que en este disco me he liberado de ciertas ataduras que extrañamente me sometían. Hay un porcentaje aberrante de canciones comerciales que son karaoke de exactamente los mismos lugares comunes”, añade Reina.

“Para mí,  la creatividad es la inteligencia queriendo divertirse un poco. Por eso decidí dar rienda suelta a una escritura que no estuviera atenazada por lo tantas veces ya escuchado. Buscaba una poética más dadaísta y expresiva que no estuviera condenada a morir de literalidad”.

Es una producción redonda, conceptual, en la que cada canción es la pieza de un puzzle, que articulado completamente ofrece la imagen completa.

“Klaus Kinski”, el primer tema,  inicia y asienta el estilo crudo y surrealista. “El techno de los frágiles” es una especie de narración lumpen de los bajos fondos, “Gloria”  es un blues en el que juguetea con obsesiones recurrentes. «Pa siempre es mi corona» se trata de una canción de arpegio frenético desbordada de imágenes, algo así como un viaje por las voces del momento creativo.

 “Mientras España me olvida”, intenta subrayar la fragilidad de la obra artística. Luego están “Y ahí estás” y “Niño de Cristal”, dos canciones de cadencia más amable con una poética quizás más precisa en sus imágenes. “Querido Google” es la canción más corta del disco y  habla de la soledad y la paradoja de la implacable sobreinformación y por último ‘»Agradecimientos» es una canción en la que el artista exorciza sus terrores más cotidianos.

Las imágenes , que forman parte del disco, diseñado por Marina Cenacchi son impactantes –incluso violentas- comparten el espíritu de un disco sincero y hecho sin miedo.

“Era importante que las fotos tuvieran cierto «realismo sucio» que conjugase con la lírica del disco. Es fascinante como se vive a merced del reconocimiento, esa entelequia que las redes alimentan de manera constante. Hay como una extraña obligatoriedad de registrar momentos de pretendido éxito y felicidad, para luego exhibirlos al que crees que es tu público”, explica el autor e intérprete.

“Creo que la búsqueda permanente de la felicidad parece haber hipnotizado a medio mundo y eso es una insensatez. Buscar la serenidad me parece una ambición más razonable que buscar la felicidad. Y quizá, la serenidad sea una forma de felicidad. Esa vacuidad humana me obsesiona. Frente a lo que se muestra, yo elijo la condición del anonimato”.

 Esto me llevo a la idea de omitir mi rostro. Hay fotos que Marina y yo decidimos descartar por su dureza; pero que quizás pueda mostrar algún día. Para mi son hermosas.

“Prohibido hacer fuego” es una producción que en su conjunto es tremendamente brutal y sincera y que encaja perfectamente con los tiempos oscuros que vivimos.

Un disco atrevido, que más allá que buscar gustar, sigue la estela de obligar al público a hurgar en el lado críptico de la existencia.

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Foto: Juanra Moreno Tacoronte